DON MARTÍN ALONSO DE QUESADA Y ZAMBRANA, ALCALDE MAYOR DE ALMANSA 1784-1790

 

 

 

 

 

Por Miguel-Juan PEREDA HERNÁNDEZ

 

 

 

Muchas han sido las personas que, a lo largo de los siglos, lucharon y luchan por Almansa. Por lo general, sus hechos aguardan pacientemente entre legajos cubiertos de polvo a que el destino les brinde la oportunidad de ser rescatados del olvido. Tal es el caso de la labor desarrollada por don Martín Alonso de Quesada y Zambrana, que fue alcalde mayor de Almansa a finales del siglo XVIII. Pero antes de conocer su trayectoria hemos de saber que en aquellos tiempos, el alcalde mayor era un juez letrado, con título de abogado de los Reales Consejos, encargado de ejercer la jurisdicción ordinaria; se trataba, pues, de un funcionario real, generalmente de paso, y a la espera de alcanzar un destino de mayor categoría.

Don Martín Alonso de Quesada se hizo cargo de la alcaldía mayor almanseña en abril de 1784 y su gestión coincidió con uno de los períodos más calamitosos de nuestra historia. Apenas unos meses después de su llegada, y como oscuro presagio de lo que se avecinaba, se hundió la capilla mayor de la iglesia de la Asunción.

 

 

1. INUNDACIONES

A finales de junio de 1784 se produjeron aguaceros y pedriscos, a los que sucedieron intensos temporales a lo largo de todo aquel invierno, de manera que, en enero de 1785, coincidiendo con el lamentable estado de ruina en que se encontraba la presa del Pantano, incapaz de contener las avenidas, se formó una inmensa laguna que abarcaba desde el Hondo hasta la Huerta, lo que obligó al concejo a tomar medidas para conseguir su desagüe.

En abril, la laguna llegaba hasta la partida de la Columna (en torno al obelisco conmemorativo de la batalla de Almansa), por lo que se acordó desviar las aguas hacia Venadóniga (Casa Cantos) y el Saladar en un intento desesperado de alejarlas de la ciudad para prevenir una epidemia, por otro lado ya inevitable.

   

    2. CALENTURAS TERCIANAS

A finales de junio de 1785 comenzaron a darse los primeros casos de calenturas tercianas (paludismo). De poco sirvieron las rogativas a San Roque y a Nuestra Señora de Belén realizadas en agosto. Ante la mortandad y el estado de ruina de la iglesia de la Asunción, el obispo de Cartagena prohibió los enterramientos en dicho templo desde noviembre de aquel año. Entre agosto de 1785 y abril de 1787 llegaron a enfermar más de 6.238 almanseños, incluidos los sacerdotes encargados de transportar sobre sus hombros la imagen de la Patrona; en total, como consecuencia de esta epidemia fallecieron 343 personas.

 

  

 3. SEQUÍA

En contraste, y como prueba de la irregularidad del clima almanseño, el año 1787 se caracterizó por la sequía; de manera que, a partir de mayo no cayó ni una sola gota de agua, lo que obligó a organizar rogativas a San Francisco, en diciembre, para poder sembrar. Ante la falta de precipitaciones, en enero de 1788 se celebraron nuevas rogativas y rosarios a las Ánimas Benditas del Purgatorio. En resumen, la cosecha de 1787 se perdió y la de 1788 fue muy escasa.

 

    4. SOLUCIONES ANTE LA FALTA DE TRABAJO

Evidentemente, los más afectados ante tanta catástrofe fueron los jornaleros, que estaban sin trabajo desde mayo de 1787 y por supuesto no disponían de ahorros, lo que obligó al reparto entre ellos de subsidios por parte de la Junta de Caridad en enero de 1788. Además, y a instancias del alcalde mayor don Martín Alonso de Quesada, se estudiaron diversas fórmulas para dar ocupación a los numerosos parados, cuyas familias y  ellos mismos perecían de necesidad, hasta que finalmente se acordó poner en marcha un antiguo proyecto de recrecimiento de la presa del Pantano, que si bien contaba con aprobación real desde 1770, todavía no se había llevado a cabo.

Con la ejecución de estas obras se pretendía alcanzar cuatro objetivos:

  1. Aliviar la miseria de los más desfavorecidos proporcionándoles trabajo.

  2. Aumentar la producción agrícola de la ciudad.

  3. Beneficiar a los propietarios de tierras del Hondo, de cuyos bolsillos saldría el dinero para las obras.

  4. Evitar la formación de lagunas y zonas encharcadas próximas al casco urbano que diesen lugar a nuevas epidemias de fiebres tercianas.

    5. OBRAS EN EL PANTANO

Si bien muchos de los propietarios de tierras del Hondo no tenían dinero ni para comprar alimentos, no se negaron a llevar a cabo el proyecto y, para financiarlo, acordaron efectuar un reparto proporcional de 8 reales por caballería de tierra o jornal (0,7 ha.), así como poner al cobro todos los atrasos de riego. Con los 30.000 reales recaudados comenzaron las obras que habían sido proyectadas por el arquitecto valenciano don Bartolomé Rivelles. También se consiguió un préstamo de 45.000 reales, aportado por el clérigo almanseño don Blas Navarro Spuche, cuyos intereses,  muy bajos, (el 1,66%) se destinarían íntegramente a oficiar misas en sufragio de las almas de todos los difuntos almanseños: “...pues al tiempo que se trata de beneficio de los vivos en la zitada obra, también lo recivan las almas de los difuntos...”.

Pese a tantos y tantos esfuerzos, en noviembre de 1788 se acabó el dinero, cuando se llevaban invertidos 85.715 reales de los 129.600 en que se había presupuestado la obra, que se hallaba a falta de cubrir de losa el murallón así como de ensanchar las acequias y puentes de la red de regadío.

 

   

 

 

 

 

 

 

 

 

6. EL ALCALDE MAYOR DE ALMANSA SE ENFRENTA AL CABILDO DE LA SANTA IGLESIA DE CARTAGENA

Ante la falta de efectivo, el alcalde mayor almanseño escribió al Cabildo de la Santa Iglesia de Cartagena para que, como beneficiario de la obra en concepto de perceptor de diezmos, contribuyese con 8.715 reales (el 10 % de lo gastado hasta la fecha). Al no obtener respuesta, don Martín Alonso de Quesada volvió a escribir dos cartas más, una en febrero, y otra tercera en junio de 1789 en la que advertía que, de no recibir respuesta, llevaría el caso ante el Real y Supremo Consejo de Castilla. Sólo al recibo de esta última se dignó responder el cabildo murciano, el cual manifestó que, antes de enviar cantidad alguna, pondría en marcha una investigación para comprobar si lo expresado por el alcalde mayor era cierto.

 

   

    7. RESOLUCIÓN DEL REAL Y SUPREMO CONSEJO DE CASTILLA

No se amilanó don Martín Alonso de Quesada y, el 20 de octubre de 1789, escribía una carta al rey, en la que daba cumplido detalle de como las obras de recrecimiento de la presa del Pantano se estaban realizado con arreglo al plano levantado por Bartolomé Rivelles, aunque estaban por concluir y a falta del recubrimiento con losas del murallón y el ensanchamiento de la red de regadío. Pese a la bondad del proyecto, el alcalde mayor almanseño se mostraba sorprendido ante la “...negativa de el Cabildo de la Santa Yglesia de Cartagena...” a contribuir a los trabajos con la décima parte de lo que se llevaba gastado en ellos.

Si bien era cierto que el Cabildo murciano había respondido con el anuncio de la elaboración de un informe a la vista del cual proveería, ya habían transcurrido tres meses y no se tenía noticias al respecto. Tal vez ―ironizaba Quesada― el retraso podría deberse a los muchos quehaceres y de mayor entidad que las autoridades episcopales tendrían:

“…no pudiendo esta sospecha obrar contra vna parte tan respetable como el Cavildo de la Santa Yglesia de Cartagena, debo creer que sus muchas ocupaciones en asumptos de más entidad no les permiten despachar éste, y que serán igualmente ynútiles todos mis esfuerzos, siempre que los superiores respetos de Vuestra Alteza no llamen su atención a el cumplimiento en esta parte de lo que en Justicia tengo reclamado a favor de los vecinos, ynteresados y de la causa pública...”.

Investigado el asunto, el 10 de febrero de 1790 el Real y Supremo Consejo de Castilla acordaba despachar dos Cédulas Reales, una dirigida al Cabildo murciano para que con la mayor urgencia respondiese a la solicitud de la primera autoridad almanseña y le hiciese saber su disposición a contribuir económicamente a las obras; y la otra, para que el alcalde mayor de Almansa remitiese información sobre el proyecto que se estaba ejecutando; cartas que fueron proveídas con fecha 18 de mayo de 1790.

A la vista de la primera, el Cabildo murciano acordaba responder al alcalde mayor almanseño que aceptaba su solicitud, por lo que contribuiría a las obras del Pantano con 8.571 reales y 19 maravedíes.

Por lo que respecta a la segunda, cuando ésta llegó a Almansa don Martín Alonso de Quesada y Zambrana ya no estaba al frente de su Ayuntamiento, hacía unos días que se había marchado a Madrid para tomar posesión del nuevo oficio que le había sido encomendado; precisamente, ni más ni menos que el de alcalde mayor de la ciudad de Murcia, hacia donde ya había partido en aquellos momentos:

“...dicho Alcalde Maior, a la sazón estava en esa Cortte, y se esperava prompto su regreso, pero ha ocurrido la novedad de que ha sido provisto para la Vara de Alcalde Maior de la Ciudad de Murcia, a donde se ha partido...”.

Nada sabemos de la trayectoria posterior de don Martín Alonso de Quesada y Zambrana en su nuevo destino, aunque resultaría fascinante conocer su actuación al frente del gobierno municipal de la ciudad de Murcia, así como saber si conseguiría o no mejorar sus relaciones con las máximas autoridades diocesanas. Lo que sí ha quedado suficientemente acreditado es su condición de funcionario ejemplar, pues, como hemos tenido ocasión de comprobar, cumpliendo con su obligación no dudó ni un ápice en enfrentarse a todo un Obispado y recurrir al rey en defensa de los intereses almanseños.

 

 

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