1. LOS PRETENDIENTES AL TRONO

 

 

El progresivo convencimiento de que Carlos II no iba a tener descendencia activó la pugna por hacerse con su herencia. Inicialmente, el candidato designado era José Fernando Maximiliano, hijo del elector de Baviera, pero en los primeros días de 1699 cayó enfermo de manera repentina, siéndole diagnosticadas unas viruelas locas. El tratamiento prescrito no fue resolutivo, el 5 de febrero se agravaba su estado de salud, lo que le llevaba a fallecer de madrugada. Dado que ello iba a permitir la entrada de los Borbones en el trono español, en numerosas cortes europeas circuló el rumor de que el niño fue envenenado siguiendo instrucciones de Versalles.

 

 

Volvía a presentarse el problema de elegir entre el archiduque Carlos, hijo del emperador Leopoldo y bisnieto de Felipe III, y Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV y bisnieto de Felipe IV. La reina apoyaba al candidato austriaco, pero Carlos pensaba que sólo el apoyo de Francia, cuyas tropas se hallaban en la misma frontera española, podía garantizar la conservación de la monarquía en toda su integridad, y ello le hizo decidirse por Felipe, decisión que mantuvo hasta el último momento, sin ceder ante ningún género de presión. Un mes antes de su muerte hizo escribir en su testamento el nombre de Felipe de Anjou, a la vez que conminaba a sus vasallos para que no permitieran "la menor desmembración ni menoscabo de la monarquía".

 

 

 

 

 

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