DOS SIGLOS DE FIESTAS DE MAYO EN ALMANSA

 

 

 

 

Por Miguel-Juan Pereda Hernández

 

 

 

1. Celebración del voto del concejo en Belén

    La Festividad de Nuestra Señora de Belén viene celebrándose en Almansa desde 1802; hasta entonces, había tenido como escenario su ermita-santuario. Lo que en un principio sólo fueron actos religiosos, poco a poco se vieron acompañados de festejos populares, en torno a los cuales, trataremos de hacer una breve aproximación.

Desde mediados del siglo XVI el Ayuntamiento almanseño tenía ofrecido un voto de ir en procesión hasta la ermita de Nuestra Señora de Belén el 6 de mayo de cada año. Allí se asistía a los oficios religiosos y se ofrecía una comida de caridad a los pobres.

Carecemos de testimonios que nos aclaren el tipo de actividades que pudieron acompañar al tradicional voto. Como es lógico, debieron ser las propias de cualquier colectividad rural: consumo de viandas no demasiado habituales, ostentación de las mejores galas, ofrecimiento de buenos propósitos, juegos populares relacionados con las ocupaciones u oficios más comunes, sones de dulzainas y tamborinos, danzas, demostraciones de fuerza y lucha por parte de los mozos, luminarias al oscurecer, algunos fuegos de artificio, y muy de tarde en tarde alguna corrida de toros en un improvisado ruedo de galeras y carros.

 

2. Traslado de las Fiestas a Almansa

A finales del siglo XVIII el Ayuntamiento comenzó a pensar en trasladar la celebración de la Festividad de su Patrona a la iglesia de la Asunción; acuerdo que alcanzó en mayo de 1802 contando con la aquiescencia del clero parroquial. Ello suponía, evidentemente, la ruptura del voto, por lo que el ánimo de algunos munícipes no quedó muy tranquilo; razón por la que, el 3 de mayo de 1803, volvieron a entrevistarse con el párroco, que de nuevo les dio su conformidad hablando largo y tendido con ellos para evitar“...todo género de duda y descargo de sus conciencias...”. Como consecuencia, el “Día de la Virgen” ya no volvió a celebrarse en el Santuario, como había sido lo habitual hasta entonces.

 

3. Festejos cívicos

    Con el traslado de las fiestas al marco de la ciudad se amplió considerablemente el abanico de posibilidades. Fue entonces cuando debió surgir y consolidarse otro tipo de festejo, llamémosle cívico. Sin embargo, como en ella aún predominaba la actividad agropecuaria, se continuó en la misma línea, con la incorporación esporádica de algunas innovaciones. Formarían, pues, parte del programa: los volteos de campanas, las hogueras o luminarias, los desfiles de bandas de música o rondallas, las danzas, el canto de los mayos, las galeras engalanadas, los fuegos artificiales; y juegos como la escampilla, las bochas, el estiragarrote, el tirasoga, las carreras de galgos, el tiropichón...

    Las fiestas de 1889 significaron una novedad importante, al contribuir a ellas los gremios de agricultura, de artistas y del comercio; ello supuso la participación de bandas de música, escuadras de guerreros y carrozas. Los días 5 y 6 de mayo de 1900 tuvieron lugar sendas corridas de toros a beneficio del Hospital.

    El programa de Fiestas de 1902, recoge, entre otros festejos cívicos, la “gran cabalgata al estilo del país con batalla de flores, confettis y serpentinas” del día 5, en la que participarían cuatro carrozas: las preparadas por Comercio e Industria, Propietarios y Labradores, Colonia Valenciana y Empleados de los Ferrocarriles del Norte y Mediodía; la celebración de capeas de vaquillas en la Plaza de la Constitución los días 4 y 7 de mayo; la actuación, en el Teatro Principal, de la Sociedad Local Cómico-lírica de Aficionados; y la concesión de premios a los vecinos que mejor hubiesen iluminado y adornado las fachadas de sus casas durante las fiestas.  

 

4. La Festival Almanseña

    En las primeras décadas del siglo XX la Sociedad de Nuestra Señora de Belén destinaba parte de la cuota anual de 20 reales que pagaban sus socios “...para atender a los festejos que han de realizarse el año actual en honor de Nuestra Excelsa Patrona...”, como podemos comprobar por un recibo de 2 de enero de 1915.  

 

   

Asimismo existía una entidad colaboradora denominada “La Festival Almanseña”, que se encargaba de organizar los festejos cívicos. Para recabar fondos realizaba rifas, como la realizada en diciembre de 1915 de 3 hermosos cerdos y su correspondiente arreglo para la matanza. 

 

   

Esta organización también contaba con afiliados que pagaban una cuota anual, a quienes se les extendía el correspondiente título de socio.

 

 

5. Calles engalanadas

En 1925, con motivo de la Coronación Pontificia de la imagen de Nuestra Señora de Belén, tuvieron lugar unas fiestas extraordinarias, con batalla de flores, carrozas engalanadas, festival literario-musical, misas de campaña, fue­gos artificiales, iluminación del castillo, concurso de engalanado de calles, fachadas y escaparates, representaciones teatrales, etc. De todos estos festejos, el que contó con mayor aceptación fue el concurso de calles engalanadas.

 

 

Su precedente podríamos hallarlo en la costumbre de limpiar, arreglar, adornar e iluminar las calles recorridas por la imagen de la Patrona cuando ésta llegaba a Almansa trasladada desde su santuario con motivo de alguna rogativa. Posteriormente, cuando las fiestas pasaron a celebrarse en la ciudad, solía engalanarse el itinerario recorrido habitualmente por la procesión, la llamada “carrera de la Virgen”, alumbrada con profusión por los vecinos con multitud de arcos a la veneciana.

Sin embargo, el engalanado de calles basado en las típicas guirnaldas de sabina combinadas con flores de papel, gallardetes, banderas y escudos, la llevaron a cabo los almanseños por primera vez en 1925, tratándose, pese a lo que muchos piensan, de una tradición de origen valenciano. Prueba de ello es la nota informativa que la Junta Festera publicó en enero de 1925 en “La Voz de Almansa”, aconsejando a las comisiones de vecinos este tipo de ornato por recomendación de reconocidos adornistas de Valencia.

El jurado de aquel primer concurso estuvo formado por Julián Zuazo, de la Academia de Bellas Artes de Madrid, Fortunato Toni, y Antonio Ruano, de la Colonia Almanseña de Madrid. El importe total de los premios se dividió en seis partes, que se repartieron por igual entre las calles: Méndez Núñez (decorada con hojalata), Torralba (adornada con juncos), Mendizábal, Buen Suceso, Aragón y Corredera.

 

6. Las Fogatas de Almansa

Mediada la década de los treinta del pasado siglo, un grupo de almanseños reunido en torno al médico valenciano asentado en nuestra ciudad Ricardo Romance tuvo la feliz idea de organizar unos festejos cívicos, inspirados en las fallas valencianas, que recibieron la denominación de Fogatas.

En abril de 1935, bajo el lema de "Todo por Almansa y todos para Almansa", se constituyó el Comité Central de Fogatas, en cuya composición encontramos a personas muy vinculadas a la Sociedad Unión Musical y a la Banda Unión Almanseña, como Pedro Duro (secretario del Comité y presidente de la Sociedad en 1930), José Pereda (tesorero de ambas entidades), Leandro Teruel (vocal del Comité y primer presidente de la Unión Musical), o Daniel Martín (vocal del Comité y director de la Banda).

 

 

 

 

Se pretendía recaudar fondos para que artistas y artesanos locales fuesen construyendo poco a poco los monumentos falleros que se quemarían en mayo del año siguiente, contribuyendo así a aliviar, en cierta manera, el paro existente en la ciudad.

Esta iniciativa no sería aceptada de muy buen grado por todos, de manera que la sociedad almanseña se dividió entre "festivaleros" (partidarios de La Festival Almanseña) y "fogateros" (adeptos al Comité Central de Fogatas).

El 2 de mayo de 1936 se efectuó la “plantá” de las siete fogatas, cuyos títulos y emplazamientos eran los siguientes:

 

BOCETO

TÍTULO

EMPLAZAMIENTO

 

 

“El Templo de la República”

 

Glorieta de los Mártires de la Libertad

(Parque de los Reyes Católicos)

 

 

“Paella y Gazpachos”

 

 

Plaza de la República (Plaza de la Constitución)

 

 

 

“Guerra y Crisis”

 

 

 

Plaza de Mariana Pineda (Plaza de Santa María)

 

 

“Una Máquina y Otras Cosas Suaves”

 

 

Plaza de la Libertad

(Plaza de San Roque)

 

 

“Gente Conocida o Dados y Puntos”

 

 

Esquina calles Azucena y Tomás Meabe

(San Juan de Díos y San Antonio)

 

 

“Escena de una Manzana”

 

 

Ensanche calle Campanario

(Plaza de Santiago Bernabéu)  

 

 

"Castillo de Naipes"

 

 

Esquina calles Las Norias y La Rosa

 

 

La “cremá” tuvo lugar el día 6. La experiencia no pudo repetirse; apenas dos meses más tarde daba comienzo la Guerra Civil, que puso fin a ésta y a otras muchas aspiraciones de los almanseños.

 

Ver más fotografías de las Fogatas de Almansa 1936

 

Artículo de Jesús Gómez Cortés sobre las Fiestas de Mayo 1936

 

 

7. Años cuarenta y cincuenta

Si penosos fueron los años de guerra, peores resultaron los de posguerra, con cierre del mercado exterior, escasez de alimentos, falta de materias primas y energía, quiebra de empresas... El balance demográfico negativo de las décadas de los cuarenta y cincuenta es el mejor indicativo para demostrar que las cosas no estaban precisamente para alegrías.  En aquellos tiempos las fiestas tuvieron un marcado predominio de actos religiosos, aunque poco a poco fueron incorporándose al programa actos como la ofrenda, la serenata, etc. En 1950, con motivo de la celebración del 25 Aniversario de la Coronación, se recuperó la costumbre de engalanar las calles, que se mantuvo, con altibajos, hasta los primeros sesenta.

  

8. El despegue económico

En la década de los sesenta, la industria almanseña inició el llamado “despegue económico”. La exportación de calzado conoció una época de expansión, que lógicamente se tradujo en un aumento del nivel de vida. Coincidiendo con este período de bonanza, gracias a la hábil gestión de la Comisión Central de Fiestas, se logró aumentar los ingresos de forma especta­cular. Ello se debió principalmente a las ganancias obtenidas con los “Boletos de Comfíes”. Durante el lustro 1967-1971, la boyante situación financiera permitió elevar el nivel de las fiestas, no tanto en el aspecto de participación ciudadana como en el de proliferación de espectáculos de categoría nacional e internacional. No obstante, la desaparición de los boletos en 1973 redujo ostensiblemente el presupuesto festero, poniendo fin a un período durante el cual las fiestas almanseñas fueron, sobre todo, espectáculo y dinero en abundancia.

 

9. Hacia una fiesta más participativa

En mayo de 1975 se conmemoró el 50 Aniversario de la Coronación, motivo por el que las fiestas de aquel año tuvieron un carácter especial. El programa de festejos pretendió recuperar algunas de las costumbres que habían marcado la pauta en décadas anteriores. Los vecinos se volcaron en un intento de relanzamiento del engalanado de calles. Las fiestas de aquel año marcaron un punto de inflexión importante. Llegaron precisamente en un momento de crisis, cuando más débilmente latía el pulso festero, constituyendo el revulsivo capaz de poner en marcha la evolución hacia otro tipo de fiesta mucho más participativa.

 

10. Grupos Festeros de Calles

Consecuencia inmediata del nuevo aire que comienzan a tomar las fiestas almanseñas a partir de 1975, es la aparición de grupos de vecinos que organizan sus propios festejos, la mayoría de los cuales tienen lugar en la calle, recuperando así por unos días al año la ancestral costumbre mediterránea de hacer de la vía pública una extensión de la vivienda. 

 

 

Entre las actividades llevadas a cabo destacan el engalanado de calles, la organización de comidas de hermandad en las que predomina la gastronomía local, la celebración de verbenas y cucañas, y muy especialmente la participación desenfadada en el “Gran Desfile Festero” del día 4 de mayo. Muchos han sido los grupos que han proliferado a lo largo de estos treinta años. Algunos desaparecieron al poco tiempo, otros cambiaron de nombre o incluso evolucionaron para convertirse en comparsas. Podríamos citar los grupos festeros de Los Boinas Negras, La Olla, La Estrella, Los Manchegos, Los Piratas, Los Estudiantes, Los Mismos, Los Rumberos, o los formados por vecinos del barrio de Pedro Lamata, o de las calles Méndez Núñez, Vitorero, Hernán Cortés-Cid, Santa Lucía, Puerta Valencia...

Para saber más, ir a:  Junta Festera de Calles

 

11. Moros y Cristianos

Varios han sido los intentos de introducir en Almansa la fiesta de Moros y Cristianos; aún recordamos los esfuerzos obrados en este sentido por “Los Beréberes” en la década de los sesenta. 

 

 

El origen de esta iniciativa hay que buscarlo en los desfiles de exhibición que tuvieron lugar a mediados de los setenta, cuando comparsas procedentes de localidades del vecino Levante se esforzaron en despertar entre los almanseños el amor hacia este tipo de fiesta. La idea cuajó, y en mayo de 1977 desfiló la primera comparsa local: “Los Almanzárabes”. Paulatinamente fueron apareciendo otras, formadas en su inmensa mayoría por jóvenes de ambos sexos, que aportaron su alegría a unas fiestas consideradas hasta entonces demasiado serias. La Agrupación de Comparsas, integrada por diez de ellas, cinco moras y cinco cristianas, vela por el estricto cumplimiento de un triple objetivo: honrar a la Virgen de Belén, fomentar determinados aspectos culturales y alcanzar en los desfiles la total armonía de música, colorido y movimiento.

  

COMPARSA

BANDO

AÑO FUNDACIÓN

PRIMER DESFILE

Almanzárabes

Moro

1976

1977

Mosqueteros

Cristiano

1978

1979

Abencerrajes (desparecida en 1983)

Moro

1979

1980

Almogávares

Cristiano

1979

1980

Templarios

Cristiano

1979

1980

Beduinos

Moro

1980

1980

Corsarios

Cristiano

1980

1981

Almohades

Moro

1980

1981

Zegríes

Moro

1981

1982

Piratas

Cristiano

1982

1983

Mozárabes

Moro

2003

2004

 

Para saber más, ir a: Agrupación de Comparsas de Almansa

 

12. Conclusiones

Durante los últimos años, una vez integradas las dos tendencias festeras, las Fiestas de Almansa vienen manteniendo un nivel de participación y espectáculo muy alto. Las Entradas y Embajadas, la Ofrenda, la Serenata y la Procesión son actos que consiguen conmover el ánimo de cualquier espectador, y con su exquisita organización dan buena prueba de lo que puede lograrse cuando, olvidando intereses particulares, se aúnan esfuerzos en aras del bien común. Suponen la culminación de un anhelo que se venía persiguiendo desde hace dos siglos, y que nosotros hemos tenido la suerte de ver cumplido; eso sí, gracias al esfuerzo de muchos hombres y mujeres que vienen trabajando sin descanso, año tras año, para hacer realidad el lema festero de aquellas lejanas Fiestas de 1936: 

 

 

 

 

 

 

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