ERMITAS Y CONVENTOS
 ALMANSEÑOS

 

 

 

 

 

Por Miguel-Juan Pereda Hernández

 

 

 

 

 

 

 

Hacia 1707, según el cuadro “La batalla de Almansa”, la villa contaba con nueve templos en su casco urbano o inmediaciones del mismo: iglesias mayor y vieja, conventos de franciscanos y agustinas, y ermitas de San Cristóbal, San Sebastián (San Roque), Nuestra Señora del Socorro, Santiago el Viejo y El Salvador (San Blas).

 

 

En determinados momentos las ermitas diseminadas por los campos almanseños, unidas a los templos situados dentro de la población, llegaron a sumar más de veinte. En 1786 había 14 ermitas rurales, y dentro de la población se hallaban las de“...San Josef, San Juan, Socorro, San Roque, Yglesia antigua, y Nuestra Señora de los Desamparados...”. Finalizando la primera década del siglo XIX, el término contaba con tres ermitas dentro de su casco urbano: San José, San Juan y Parroquia Antigua; otras tres en su periferia: Nuestra Señora del Socorro, Nuestra Señora de los Desamparados (San Blas) y San Roque (San Sebastián); dos conventos, uno de franciscanos y otro de agustinas; y 15 ermitas más dispersas por los campos en heredades de entre uno y cinco labradores, siendo la mayor de ellas la de Nuestra Señora de Belén.

Hacia 1843, además de la iglesia de la Asunción, Almansa continuaba teniendo dos conventos, el de los franciscanos que, aunque desamortizado, mantenía su iglesia abierta al culto, y el de las agustinas; dos ermitas en los extremos Oeste y Norte de la ciudad, las de San Roque y el Salvador; así como otras dos en su interior, las del Rosario y San Juan. De las numerosas ermitas diseminadas a lo largo y ancho del término sólo tenemos noticias de dos, las de San Antón y Nuestra Señora de Belén. En aquellos momentos ya habían sido abandonadas la Parroquia Antigua y las ermitas de los Santos Médicos Cosme y Damián, Santa Lucía y Nuestra Señora del Socorro.  

 

 

1. LA IGLESIA VIEJA

Escasas son las noticias que han llegado a nosotros sobre aquel templo. No es probable que datase de los primeros tiempos de la conquista (en torno a 1242), ya que el contingente de pobladores cristianos en aquellos momentos —la escasa guarnición de la fortaleza— sería tan reducido que los actos litúrgicos pudieron muy bien celebrarse en las propias dependencias del baluarte. Últimamente parece afianzarse la hipótesis de un efímero dominio de la Orden de San Juan de Jerusalén sobre los castillos de Almansa, Alpera y Carcelén; así al menos parece deducirse de un documento hospitalario, fechado en junio de 1251, en el que figura como testigo un tal Alfonso Ruiz, “comendador de Almansa”.

Lo más lógico sería situar el comienzo de la edificación de la vieja iglesia almanseña, situada en la falda sureste del castillo, en torno al último tercio del siglo XIII, momento en el que se inicia la auténtica repoblación cristiana del lugar. Es probable que estuviese bajo la advocación de Santa María. Era de estilo gótico popular, de reducidas dimensiones, y contaba con arcos de diafragma ojivales y un artesonado de madera decorado con pinturas de los escudos heráldicos de los primeros pobladores cristianos. Sabemos que a mediados del siglo XV dependía del obispado de Cartagena-Murcia, estaba incluida dentro del arciprestazgo de Villena y contaba con dos beneficios “sine cura pro duobus”, un préstamo y siete capellanías (cuatro de Juan García de Otazo y las otras tres de Domingo Esteban, doña Juliana y el concejo).

Disponemos de algunas representaciones gráficas de aquel viejo templo; el apunte a pluma de Almansa realizado por Antón Van Der Wingaerde en 1563 nos lo muestra con una torre. En 1707 se hallaba bajo la advocación de Santa María de la Soledad, según reza en una de las cartelas del cuadro de Buenaventura Ligli y Filipo Palotta “La Batalla de Almansa”. En 1786 Antonio Romero Navarro, clavero y secretario del Ayuntamiento, nos lo describe en los siguientes términos: “...en la falda de esta fortaleza permanece la Yglesia antigua Gótica, cuya estructura manifiesta que entre los Árabes permaneció el Ritu Antiguo Gótico o Muzárabe, Notándose también que en el techo, a lo Mosahico, hay pintados muchos escudos de Armas que hizieron las familias de los Nuevos Pobladores Christianos...”.

 

 

Hacia 1820 pasó por nuestra ciudad el pintor veronés Giuseppe Canella (1788-1847), considerado hoy uno de los mejores paisajistas italianos del Romanticismo, que plasmó un óleo sobre lámina de cobre de 13 por 17 centímetros en el que reflejó una vista de la actual calle del Hospital con el castillo al fondo, a cuyo pie se observa lo que en aquellos momentos quedaba de aquella iglesia. Gracias a una réplica de dicho cuadro, realizada por el pintor almanseño Francisco Navarro Guijón, podemos comprobar que ya entonces carecía de tejado y torre, por lo que estaría fuera de servicio, noticia confirmada por Madoz. Restos de sus viejos muros podrían formar parte de la pared de mampostería que todavía se levanta en la calle del Castillo, entre las casas número 4 y 6, en cuyas inmediaciones hace unos años se descubrió un osario.

 

 

2. LA ERMITA DE SAN ANTÓN

Según José Luis Simón García y Joaquín García Sáez, la ermita de San Antón  pudo haber sido edificada en el siglo XIV. Tiene una estructura gótica, un gótico popular con arcos de diafragma y cubierta a dos aguas. Está edificada en el extremo occidental del Hondo, en las primeras tierras que se riegan con las aguas del Pantano, en torno a un lugar conocido desde la Edad Media como los Santos.

 

 

Según Antonio Romero Navarro, parece ser que su denominación antigua era ermita de Nuestra Señora de Gracia y Santos del Campo. Todavía en el siglo XVIII el templo percibía los diezmos de las tierras aledañas y eran visibles a su alrededor una serie de ruinas y cercas que se atribuían a los restos de un antiguo monasterio benedictino, en un lugar denominado el “Cerro de los Santos”. Según las últimas investigaciones arqueológicas, estos vestigios debieron pertenecer a una villa romana: “...el gran Monasterio de Benedictinos, que havía en el sitio y hermita de Nuestra Señora de Gracia y Santos del Campo de que quedan las Memorias de la Oya y Granja del Abad, y muchas Ruinas y Cercas en el Cerro de los Santos a media legua de la Población y Nord oveste además de ser tradición y pagarse los diezmos de aquel Partido a la Hermita que oy se conserva...”.

 

3. LA ERMITA DE SAN JUAN

La ermita de San Juan debió construirse mediado el siglo XIV, cien años después del asentamiento cristiano en Almansa. Estaba situada en torno al actual emplazamiento del Centro de Salud. Junto a ella se edificaría más tarde el Hospital de San Ildefonso. Es más que probable que su advocación originaria no fuese San Juan Bautista, sino San Juan de Mayo o San Juan Ante Portam Latinam, una advocación de San Juan Evangelista, y que fuese en sus dependencias donde se celebrase, hasta mediados del siglo XVI, el llamado voto del concejo. En diciembre de 1785 fue uno de los cinco templos elegidos para llevar a cabo inhumaciones tras la prohibición de realizarlas en Santa María de la Asunción. Esta ermita todavía existía a mediados del siglo XIX.

 

4. LA ERMITA-SANTUARIO DE NUESTRA SEÑORA DE BELÉN

Las primeras noticias sobre el oratorio de Nuestra Señora de Belén datan de principios del siglo XVI y le confieren una fundación particular. El 15 de marzo de 1515, Juan Sánchez de Belén otorgaba testamento por el que dejaba parte de sus bienes vinculados al mantenimiento de esta ermita, que él mismo había fundado en unos terrenos de su propiedad, y donde había entronizado una imagen que había traído desde Roma. El 2 de agosto de 1528, un tal Domingo, ermitaño de Nuestra Señora de Belén, tras ser desplazado de su cargo por Fray Cristóbal de Úbeda (nombrado por una bula papal), la dotaba con 20 almudes de barbechos y la mitad de sus bienes (110 fanegas de cebada, 45 fanegas de trigo, cantidades no expresadas de centeno y avena, una mula, un rocín, 20 gallinas y un cerdo).

A mediados del siglo XVI el concejo de Almansa decidió celebrar anualmente en esta ermita, cada 6 de mayo, el voto que le tenía ofrecido a San Juan Ante Portam Latinam y que hasta entonces había venido celebrando, con toda probabilidad, en la ermita de San Juan. A partir de este momento, la afluencia de devotos fue cada vez mayor y hubo necesidad de ampliar la primitiva ermita, que apenas contaba con un pequeño oratorio y una casa aledaña que servía de morada al ermitaño encargado de su custodia. A finales del siglo XVI se acometió la edificación de una nueva capilla, acabada hacia 1627 cuando ya el concejo había logrado hacerse con el patronato de la fundación en detrimento de los herederos de Juan Sánchez. Poco a poco se le fueron añadiendo nuevas dependencias y objetos de arte. En 1715 está fechado el magnífico retablo.  En 1731 se acabaron de pintar los frescos del Camarín de la Virgen.

A mediados del siglo XVIII, aprovechando una visita del obispo, se acordó transformar completamente el lugar y convertirlo en Santuario. Para ello se allanó un promontorio con el fin de hacer una explanada, se conservó la iglesia, aunque fue demolida la casa del ermitaño y se construyeron nuevo edificios en forma de plaza porcheada, destinados a cuarto de villa (sala para las reuniones del Ayuntamiento), oficinas para los empleados municipales, alojamientos para los clérigos encargados del culto, depósito de carruajes y hospedería para devotos. Las obras acabarían en torno a 1785. 

Desde entonces, las obras de mantenimiento han sido constantes. Entre 1922 y 1923 se restauró la fachada de la iglesia, se convirtió el antiguo granero del piso superior en un salón y dos alcobas. En 1925 se construyó un aljibe. En 1927 se pavimentaron de cemento algunas dependencias... El 14 de noviembre de 1989 el Santuario (con un perímetro de 60 metros a su alrededor) fue declarado Bien de Interés Cultural. Últimamente se ha reedificado el cuerpo de soportales que mira al Oeste, se ha levantado una nueva sala de velas para evitar el riego de incendio y se ha enlosado la plaza.

 

5. LA ERMITA DE SANTIAGO EL VIEJO

Estaba situada en torno al comienzo del actual camino de los Santos Médicos. Parece ser que, cuando se hicieron las obras de la antigua carretera de circunvalación, en la década de los cincuenta del pasado siglo, se hallaron restos de lo que podrían ser sus cimientos. 

Con toda probabilidad fue una fundación del concejo; de hecho, en noviembre de 1555 trabajaba en ella el maestro Juan de Urquiaga y los vecinos estaba obligados a llevar la piedra para su edificación: “...vieron vna petiçión que dio Juan de Urquyaga para que el conçejo le acaue de lleuar la piedra questá obligado para la obra de la hermita del señor Santiago; y mandauan y mandaron dar horden queste uerano se dé grand diligençia para que los vezinos de la dicha villa de Almansa la acaben de llevar, conforme al dicho asiento, y cada fiesta e domingo se diga e publique en la yglesia para que los vezinos se anymen a llevarla...”. También es posible que, años antes, hubiese trabajado en ella Juan de Aranguren; pues, en agosto de 1571, una hija del maestro, María de Aranguren, y su marido, Domingo de Eguizábal, mantenían un pleito contra el concejo almanseño intentando cobrar una supuesta deuda por “...el edifiçio de la capilla mayor de señor Santiago, que de contrario se pretende averla fecho el dicho Juan de Aranguren...”. Aunque la corporación resultó absuelta en primera instancia, accedió al pago de 22 ducados ante la amenaza de los denunciantes de proseguir acciones legales, circunstancia que nos lleva a sospechar que, efectivamente, tal vez Aranguren hubiese tenido algo que ver con la obra. En 1563 se instaló en ella una comunidad de franciscanos, que construyeron las austeras dependencias de su convento adosadas a sus muros, donde permanecieron hasta mediados del siglo XVII.

 

6. LA ERMITA DE NUESTRA SEÑORA DEL SOCORRO

Se ubicaba en la actual calle Corredera, junto a los muros de la Puerta de Valencia. Debió ser una fundación municipal y se estaba construyendo en agosto de 1528, pues cuando el ermitaño Domingo se vio obligado a abandonar la ermita de Nuestra Señora de Belén, los patrones de la del Socorro, que formaban parte del concejo, le nombraron a su vez ermitaño de ésta y le autorizaron a pedir limosna para su mantenimiento. Fue otro de los lugares elegidos en 1785 para proceder a los enterramientos. A mediados del siglo XIX ya no estaba abierta al culto.

 

7. LA ERMITA DE SAN ROQUE

La actual iglesia de San Roque está edificada sobre la antigua ermita, cuya puerta principal, hasta las últimas reformas llevadas a cabo en la década de los sesenta del pasado siglo, dio a la carretera de Madrid y no a la Plaza como ahora.

 

 

Parece ser que se construyó hacia 1599 en reconocimiento al santo por haberse salvado la villa de la peste por su intercesión. En 1785 fue uno de los templos elegidos para realizar enterramientos y, a finales del siglo XVIII, hubo intentos de erigirla en parroquia. Esta ermita estuvo también bajo la advocación de San Sebastián, asimismo abogado contra la peste; de hecho, la actual calle Aniceto Coloma fue conocida hasta 1922 como calle de San Sebastián.

 

8. LA ERMITA DE SAN JOSÉ

Se levantaba en la esquina que hoy forman la calle Mendizábal y la Plaza de la Constitución, en las inmediaciones de la actual parada de taxis. Parece ser que se construyó por voto, formulado el 6 de mayo de 1603, por haberse librado el pueblo de una epidemia por intercesión del santo. Funcionó como parroquia entre los años 1666 y 1675 mientras duraron las obras de cerramiento de bóvedas de la iglesia de la Asunción. En 1785 se eligió esta ermita como uno de los posibles lugares de enterramiento alternativos a la parroquia, donde el obispo había prohibido las inhumaciones tras la ruina de la capilla mayor, aunque por encontrarse en un lugar tan céntrico, y ante las protestas de los vecinos, se acabó desistiendo de ello. También se intentó, sin éxito, erigirla en parroquia. En sus dependencias solían celebrarse desde concejos abiertos a reuniones de colectivos tales como el de los “Interesados en el riego de las Aguas de Alpera o del Estanque”, precedente de la actual Comunidad de Regantes de las Aguas del Pantano. En 1894, por encontrarse en estado ruinoso, se aprobó su demolición y, en 1925, se aprovechó el terreno que ocupaba su solar para ensanchar el comienzo de la calle Mendizábal.

 

9. LA ERMITA DE SAN BLAS

La ermita de San Blas ha venido estando indistintamente bajo las advocaciones de El Salvador y Nuestra Señora de los Desamparados, cuya imagen todavía ocupaba su altar mayor hasta bien entrado el siglo XX. Durante algún tiempo sirvió como transformador de una compañía eléctrica y, tras su rehabilitación, fue Oficina de Turismo.

 

 

10. LA “CAPILLICA” DEL ROSARIO

Parece ser que se construyó en 1795, a devoción de las familias de los Cuenca y los Pina Galiano, cuyos descendientes se comprometieron a sufragar el importe del aceite consumido por su lámpara, aunque habitualmente han sido los vecinos, principalmente los de la calle Torralba (Pascual María Cuenca), quienes se han ocupado de su mantenimiento. Ya a primeros de octubre de 1885, eran estos últimos quienes contrataban a las dos bandas de música locales y disparaban un castillo de fuegos artificiales con el fin de celebrar por todo lo alto la fiesta de la Virgen del Rosario (7 de octubre), especialmente dichosos por haberse librado de la epidemia de cólera que había mantenido en jaque a toda la población. La “Capillica” ha sido restaurada recientemente; se ha conseguido reparar su techumbre y su espadaña; picar y remozar su fachada, así como adecentar su interior. Los gastos se han elevado a 13.100 euros, de los que 6.000 han sido aportados por el Ayuntamiento, mientras que el resto ha sido recaudado por los vecinos mediante colaboraciones particulares y actos benéficos. El lunes 28 de abril de 2003, al finalizar la novena a Nuestra Señora de Belén, se organizó una procesión desde la parroquia hasta ella para proceder a su reinauguración.

 

11. EL CONVENTO DE SANTIAGO DE LOS PADRES FRANCISCANOS

El convento de franciscanos de Almansa fue fundado por Fray Antonio de Llerena, el 16 de noviembre de 1563, en torno a la ermita de Santiago, junto a cuyos muros, y durante los dos años siguientes, se llevaron a cabo las obras necesarias para acoger a los religiosos, unas dependencias de gran austeridad como mandaba la regla de los franciscanos descalzos. Parece ser que san Pascual Bailón, que había ingresado en la orden franciscana en 1564, en Albatera, profesó durante algún tiempo en el convento almanseño, del cual fue nombrado, en 1576, maestro suplente de novicios.

En 1637 comenzaron las gestiones para trasladar el convento a su actual emplazamiento, un huerto que el síndico del convento, don Marcos de Navarra, había comprado en el Cerrado. El concejo, dominado por los Galiano que estaban enfrentados aviesamente con los Navarra, se opuso al cambio de emplazamiento. En 1644 todavía se le ponían trabas e inconvenientes. Por fin, en 1645 se establecieron las condiciones y se firmaron los capítulos del traslado, que fueron aprobados definitivamente en agosto de 1646. Las obras comenzaron hacia 1660 para finalizar tres años después. De hecho, los Navarra, o Enríquez de Navarra, siempre mantuvieron muy buenas relaciones con los franciscanos. Algunos de ellos dejaron dispuesto en su testamento su deseo de ser enterrados vistiendo hábito franciscano. Tras la prohibición de llevar a cabo enterramientos en la iglesia de la Asunción, y hasta la construcción del cementerio, fueron sepultados en la capilla de Santiago de este convento.

Con la desamortización, el convento fue clausurado el 23 de enero de 1836, aunque su iglesia continuó abierta al culto. En 1842 el Estado lo cedió gratuitamente al Ayuntamiento por 50 años. En sus dependencias funcionaron la Academia de Música y unas Escuelas Públicas, que fueron desalojadas en 1899 por su estado ruinoso. Hacía 1900, realizadas algunas reformas, fue ocupado por una comunidad de franciscanos repatriada de Filipinas, que lo abandonó hacia 1921. Un año después pertenecía a la Provincia de Cartagena. En 1931, al poco de instaurarse la II República, los frailes fueron expulsados. En las dependencias conventuales se establecieron aulas de las Escuelas Graduadas de Primera Enseñanza del Grupo Cervantes. Durante parte de la Guerra Civil su iglesia sirvió como garaje de las Brigadas Internacionales. Hacia 1940 regresaron los frailes. En la década de los sesenta, la iglesia de Santiago de los Padres Franciscanos funcionó como parroquia hasta la edificación de la iglesia de San Isidro.

 

12. EL CONVENTO DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO DE AGUSTINAS RECOLETAS

Durante la segunda mitad del siglo XVI hubo diversos intentos de fundar un convento de monjas en Almansa, sobre todo a partir del establecimiento del convento de franciscanos, al amparo de cuya Orden Tercera llegaron a hacer votos algunas almanseñas. Según Pérez y Ruiz de Alarcón, parece ser que en 1606 el licenciado Lázaro Galiano Pina y su hermana Ana Galiano Pina estaban muy cerca de conseguirlo, pero “...un hombre rico y principal de los de más poder en la Villa...” se opuso a ello. La cuestión derivó casi en una batalla campal, entre los seguidores de unos y otros, que estuvo a punto de desatarse el día de Reyes de 1608 en lo que hoy es la plaza de San Agustín, y que logró impedir a última hora la intervención del párroco de la Asunción don Bartolomé Pastor, por cuya mediación, en enero de 1608, en concejo general abierto, los almanseños apoyaron a los fundadores.

No obstante, la documentación que hemos tenido ocasión de consultar nos ofrece otra versión bastante menos enconada. A comienzos de 1608, los hermanos Galiano no habían conseguido todavía la licencia para erigir el convento, que debían conceder el rey y el obispo de Cartagena. Los fundadores había dotado la primitiva iglesia conventual con dos altares, ajuar, ornamentos, libros y dos cuadros (“La Institución del Santísimo Sacramento” y “La Anunciación”). El locutorio tendría dos rejas: una exterior de hierro, que mediría 1,256 metros de largo por 0,837 metros de ancho, y otra interior de madera, situada a una distancia de 0,837 metros de la primera, cuyo entramado sería lo suficientemente tupido como para impedir la introducción de la mano a través de ella; asimismo dispondría de una puerta interior, bastidor y velo negro.

Las dependencias conventuales contarían con un dormitorio subdividido en 12 celdas con puerta pero sin llave, enfermería, chimenea en el centro para encender lumbre, letrinas suficientes, cocina grande, refectorio con tres mesas, otra cocina con sus útiles, patio con pozo, amasador, horno, porche-leñera, sótano con despensa y tinajero, y un huerto con árboles frutales y palomar. El ajuar del dormitorio tendría ropa para siete camas. Cocina y refectorio dispondrían de dos calderas, un caldero, dos pares de trébedes, dos sartenes, tres asadores, dos ollas de metal, dos cucharas de hierro, un badil, dos morillos, ollas, escudillas, platos de barro vidriado y 36 servilletas (no habría manteles por prohibirlos la regla).

Económicamente la fundación estaba dotada con 4.000 ducados en propiedades (3.500 en tierras de labor y 500 en viñas), 8,4 hectáreas de tierra para cereal en la partida del Saladarejo y 1,4 hectáreas de viña en la de los Cerezos (propiedades valoradas en otros 1.500 ducados); 5.740 reales en cartas de censo (un total de 60.740 reales); y la garantía de sustentar a las monjas si no bastare con esta dotación. Lázaro y Ana Galiano Pina pedían a cambio el derecho de patronazgo sobre el convento, extensivo a su madre, María Pina, y sus sucesores; asiento particular y sepultura en la capilla mayor del templo para ambos fundadores, su madre y todos los herederos del patronazgo (maridos y mujeres), tanto en aquella primera iglesia como en la que en un futuro se pensaba edificar. El patrono tendría derecho a que dos monjas de su elección profesasen sin dote, que para las demás no sería inferior a 400 ducados más ajuar y alimentos. El primer capellán del convento sería el propio Lázaro Galiano y, a su muerte, correspondería nombrarlo al patrono con aprobación del obispo. Las propiedades no podrían ser enajenadas sin autorización del obispo y del patrono. El convento no podría ser traslado a otro lugar, a no ser que el obispo calificase de malsanas sus instalaciones. Todos los jueves se renovaría el Santísimo Sacramento y cada 15 días (en día de renovación) se ofrecería una misa por el alma de los fundadores, sus padres, patronos difuntos, don Juan Ribera (arzobispo de Valencia) y don Francisco Martínez (obispo de Cartagena); durante la misma, el patrono titular mantendría encendidas a su costa dos hachas de cera desde el Santus hasta acabado el responso. El obispo concedería licencia para pedir limosna destinada al mantenimiento del convento.

Los fundadores remitieron a la Corte la documentación elaborada ante notario relativa a la dotación y las peticiones que hacían. El expediente se vio engrosado con otros testimonios, como la opinión favorable de los vecinos y del obispado, el informe realizado por el alcalde mayor del corregimiento y la contradicción presentada por el provincial de la Orden de la Santísima Trinidad (que tenía un convento en Villena y aspiraba a ocupar también éste). El 8 de julio de 1608, el Consejo Real despachaba desde Madrid una Real Provisión autorizando la fundación. El 22 de septiembre del mismo año, Lázaro Galiano comparecía ante el obispo de Cartagena, que se encontraba de visita pastoral en Lorca, con el fin de pedirle licencia para la fundación del convento. Éste le remitió al provisor de la diócesis que la concedió, desde Murcia, con fecha 26 de septiembre de 1608.

Las monjas tomaron posesión del convento el 6 de enero de 1609, siendo su primera priora Francisca Picanamia, que renunció a los quince días para que se hiciese cargo la Madre Mariana de San Simeón. A comienzos del siglo XVIII la iglesia del convento se había quedado pequeña, por lo que, según Pascual Clemente López, se obtuvo permiso del obispo para demoler la obra vieja y edificar un nuevo templo, empresa que llevaría a cabo el maestro de obras ilicitano Juan Foquet y Verde entre los años 1701 y 1704.

 

Volver a Historia de Almansa