Por Miguel-Juan PEREDA HERNÁNDEZ

 

 

Noticia del paso de Felipe II por Almansa

A principios del año 1586 el Ayuntamiento tuvo noticias de que el rey Felipe II tenía proyectado pasar por Almansa, por lo que se apresuró a preparar lo necesario para festejar la visita del monarca más poderoso de su tiempo.

Próximo a cumplir los 59 años, y hallándose en pleno apogeo de su hegemonía, Felipe II había emprendido, meses antes, un viaje por los reinos de la Corona de Aragón, durante el cual enfermó de gravedad. Una vez repuesto, determinó visitar Valencia en enero de 1586, donde fue cálidamente obsequiado. Ante su deseo de celebrar la Semana Santa en El Escorial se organizó su regreso a la Corte, circunstancia que permitió su paso por nuestra ciudad, entonces villa.

No disponemos de datos relativos a su estancia, sólo conocemos los acuerdos tomados por el concejo para rendirle pleitesía, y algunas justificaciones de cuentas posteriores.

 

Acuerdos del concejo

    Así, el 27 de enero, en presencia del gobernador del Marquesado de Villena, Mosén Rubí de Bracamonte, se acordó eliminar el obstáculo que suponía una esquina de la casa del boticario Gonzalo Sánchez situada en la plaza pública, junto a la iglesia de la Asunción, paso obligado del cortejo.

El 29 de enero se tomaron decisiones como:

1.    Confeccionar una lista de vecinos que pudiesen salir a recibir al rey bien pertrechados y armados de arcabuces.

2.    Construir enramadas (para dar sombra) en los límites del término de la villa.

3.    Contratar dos juegos de menestriles (músicos).

4.    Ordenar que todos los vecinos tuviesen de noche lumbre en sus ventanas.

5.    Poner luminarias en el castillo y otras partes de la villa.

6.    Hacer una exhibición de pólvora en el castillo.

7.    Organizar bailes populares con premios para los mejores intérpretes.

8.    Solicitar licencia para tomar un censo de 11.000 reales con los que sufragar los gastos de la visita.

9.    Limpiar la fuente pública, colocarle caños nuevos y adecentar su acequia extramuros de la villa.

El 6 de febrero se acordó:

1.    Contratar menestriles (músicos) en Albaida, Ollería u Onteniente.

2.    Traer dulzaineros de la Vall de Ayora.

3.    Comprar en Chinchilla dos carros de obra de barro (cántaros y jarros de media arroba, de azumbre y de cuartillo, para el vino.

4.    Buscar zapateros en Hellín, Tobarra y Tarazona, para que reparasen el calzado de aquellos componentes de la comitiva que viajaban a pie.

5.    Adquirir camuesas (manzanas), peras, así como vino tinto y blanco de la comarca de Villanueva de la Jara (Cuenca).

6.    Pedir permiso al gobernador para cortar más leña, ya que el alcalde de corte había ordenado que se tuviesen dispuestas 40 carretadas.

     

Órdenes del alcalde de Casa y Corte de Su Majestad

El 8 de febrero, el licenciado Juan Sarmiento de Valladares, alcalde de Casa y Corte de S. M. ordenó hacer cuatro enramadas para que la gente de la comitiva pudiese refrescarse y comer a la sombra: dos de ellas estarían entre el límite del reino de Valencia y la villa de Almansa, y las otras dos entre ésta y el hoy término de Bonete, que entonces pertenecía a Chinchilla.

 

Alarde de armas y otros acuerdos

El 9 de febrero se acordó preparar un alarde de armas, es decir una revista de las milicias populares, acto al que los asistentes deberían presentarse bien vestidos y aderezados de negro; como capitán del alarde se nombró a Miguel Galiano Osa.

Finalmente, el 22 de febrero se designó alférez del alarde a Juan de Valladolid  el Mozo, y se ordenó el arreglo de los caminos.

 

Conclusiones

Hay en esta noticia algunos aspectos dignos de un comentario más pormenorizado.

Almansa deseaba dar al monarca una acogida especial debido a su condición de ser el primer lugar de la Corona de Castilla que volvía a pisar.

Los festejos proyectados (recordemos: danzas, exhibiciones de pólvora, música, luminarias...) tendrían hoy perfecta cabida en cualquier programa de fiestas populares.

Ya entonces existía una evidente tradición musical en el reino de Valencia. Los doce dulzaineros contratados resultarían ser cristianos nuevos, es decir, moriscos, procedentes de Zarra (Valencia).

El trazado urbano de la época era bastante anárquico, como se demuestra por el hecho de que se ordenó derribar una esquina de la casa del boticario que estaba junto a la iglesia mayor “...por peligro de matarse los ombres de a caballo, ny pasar las carrozas y coches...”.

También es digno de reseñar la severidad del protocolo, que obligaba a vestir de negro para poder asistir al alarde de armas.

Si prolijas son las actas capitulares en reseñar los preparativos de la visita, se muestran sin embargo mudas a la hora de aportar datos sobre la estancia del soberano.

Podemos aventurar como fechas posibles de su tránsito por estas tierras las comprendidas entre el 23 de febrero y el 1 de marzo de 1586.

 

 

Y así fue, en definitiva, cómo los almanseños quisieron agasajar a Felipe II, un rey con luces y sombras, pero siempre trabajador infatigable, en cuyos dominios jamás se ponía el sol.

 

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