BICENTENARIO DE LA ENTRONIZACIÓN DE LA IMAGEN DE LA PATRONA DE ALMANSA EN EL ALTAR MAYOR DE LA IGLESIA DE LA ASUNCIÓN Y DE LA APROBACIÓN DE LA  ASOCIACIÓN DE NUESTRA SEÑORA DE BELÉN

    

 

Por Miguel-Juan Pereda Hernández

 

 

    El 13 de enero de 2004 se cumplió el Bicentenario de la entronización de la imagen de la Virgen de Belén en el altar mayor de la iglesia de la Asunción, así como de la aprobación de la Asociación de Nuestra Señora de Belén.

    Tradicionalmente, el trono de la Patrona de Almansa se encontraba en su ermita-santuario. La representación gráfica más antigua que tenemos del mismo es un grabado del año 1658, inserto en el alegato de un pleito municipal por la posesión de las Aguas de Alpera, y nos lo muestra como un enorme pedestal adornado con un dosel de armiño. 

    En 1802, contando con el apoyo del clero secular, el Ayuntamiento acordó trasladar a la ciudad la celebración de la festividad de Nuestra Señora de Belén. Para poner fin a las discrepancias surgidas, el 25 de mayo de 1803, el cura párroco y el alcalde mayor escribieron a la Sagrada Congregación de Ritos de Roma para que se pronunciara respecto a una serie de dudas surgidas en torno al patronazgo de la Virgen; en la carta se proponía incluso que, en caso de respuesta negativa, la festividad de Nuestra Señora de Belén fuese trasladada desde el 6 de mayo al 5 de agosto.

    El 13 de enero de 1804, un Breve del Papa Pío VII concedía indulgencia plenaria a cuantos fieles orasen, bajo determinadas condiciones, ante el altar de la Virgen de Belén en la iglesia de la Asunción de Almansa; circunstancia que todos entendieron venía a ratificar, tanto el patronazgo de la Virgen, como el nuevo lugar de culto, incuestionables ya uno y otro a partir de dicho momento.

Hacia 1805, acabadas las obras del ábside y la decoración neoclásica de la iglesia de la Asunción, se construyó un retablo para entronizar en él la imagen de la Patrona. Los grabados y fotografías llegados hasta nosotros nos muestran un templete cuyo cuerpo inferior o banco hacía las veces de altar, sobre el que se levantaba un segundo que contenía una hornacina o trono para acoger la imagen de la Virgen. Todo ello estaba cubierto por un entablamento sustentado por pilastras y columnas corintias, y un frontón sobre el que se alzaban cuatro tallas de ángeles arrodillados que portaban invocaciones marianas. Culminaba el conjunto una representación de la Fe. Este retablo solía adornarse, precisamente, con un dosel de armiño muy parecido al del grabado de 1658, el cual llegaba incluso a ocultarlo totalmente, delante del cual se instalaba la imagen de la Patrona y el ara.

La Asociación de Nuestra Señora de Belén puede considerarse heredera de una antigua Cofradía que ya existía en 1617, y cuyos capítulos establecían que se dijesen anualmente 12 misas por los cofrades vivos y difuntos, y otra cantada por todos aquellos socios que falleciesen "...por los capítulos de dicha Cofradía está dispuesto que en cada un año, perpetuamente, se celebre en la hermita de Nuestra Señora de Belén una missa rezada en cada una de las festiuidades de Nuestra Señora y el primer día de cada Pasqua, por los cofrades vivos y difuntos, que todas son doce; y assí mismo, por cada uno de los cofrades que murieren, una missa cantada con diáconos en la Parroquial de esta villa, con su nocturno, con limosna de seis reales y medio...".

Pues bien, un segundo Breve del Papa Pío VII, de la misma fecha, 13 de enero de 1804, concedía asimismo indulgencia plenaria a todas las almas en cuya intención se oficiase una misa de difuntos en el altar de la Comunión de la iglesia de la Asunción. Entendiendo que ello suponía una ratificación de los capítulos de aquella antigua Cofradía, vino a constituirse la Asociación de Nuestra Señora de Belén, aunque todavía no disponía de Reglamento como tal.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El 16 de diciembre de 1858, se remitía al obispado una copia de los artículos elaborados por la Asociación, que fueron aprobados por el Obispo de Cartagena, don Mariano Barrio Fernández, con fecha 19 de enero de 1859. Aquel mismo año, para darles la máxima difusión, estos Estatutos fueron impresos en Valencia en la imprenta de José María Ayoldi. Precisamente su artículo 1º daba cuenta de cómo la Asociación había sido aprobada en Roma por Breve de Pío VII, en 13 de enero de 1804.

 

 

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