DEVOCIONES POPULARES.

LOS PATRONOS DE ALMANSA

 

 

Miguel-Juan Pereda Hernández

 

Siempre que se estudia la historia de un pueblo surgen aspectos relacionados con la vida espiritual de sus gentes, cuyo análisis acaba por revelarnos el origen de muchas de sus más arraigadas tradiciones y costumbres.

 

    LA DEVOCIÓN A SAN JUAN DE MAYO

    Las primeras noticias sobre devociones almanseñas nos conducen a San Juan de Mayo, o San Juan Ante Portam Latinam, una advocación de San Juan Evangelista, el cual, siendo ya casi centenario, fue llevado desde Éfeso a Roma por orden del emperador Domiciano. El 6 de mayo del año 95, junto a la Puerta Latina (la puerta de la ciudad que se abría hacia la región del Lacio), fue arrojado al interior de una caldera de aceite hirviendo. Pero San Juan salió ileso y rejuvenecido del trance. Más tarde fue deportado a la isla griega de Patmos, donde escribió el Apocalipsis. Su fiesta se celebra el 6 de mayo y es el patrón de los impresores.

Pues bien, desde mediados del siglo XIV, muchas poblaciones del antiguo Señorío de Villena, entre ellas Albacete, Chinchilla y Almansa tenían ofrecido un voto a San Juan de Mayo. Los concejos (ayuntamientos) ofrecían una caridad pública y se hacía una procesión hasta una ermita. Así, vemos como Albacete tenía por voto muy antiguo la costumbre de ir en romería, el 6 de mayo, a la ermita de San Pedro (donde luego se edificaría el convento de Los Llanos). En Chinchilla existía una ermita dedicada al Santo donde, cada 6 de mayo, se ofrecía una caridad pública en la que se distribuía entre los pobres la carne de dos bueyes. También el concejo de Almansa celebraba cada 6 de mayo la festividad de San Juan Ante Portam Latinam y ofrecía una caridad pública. Hasta mediados del siglo XVI, estos actos pudieron celebrarse en la ermita de San Juan; pero a partir de dicha fecha, se adoptó la costumbre de ir en procesión hasta la ermita de Nuestra Señora de Belén.

Este ofrecimiento data de época medieval y está relacionado con la figura de don Juan Manuel, el célebre literato, que era señor de estas tierras y tenía por patrón a San Juan Ante Portam Latinan; dándose, además, la curiosa circunstancia de que el 6 de mayo coincidían su onomástica y su cumpleaños. La motivación que pudo haber llevado a los concejos a formular este voto sería doble; por un lado, la fecha resultaba ideal para implorar, por medio de la intercesión del Santo, el favor de la Divinidad en la esperanza de que una lluvia oportuna sacase a flote los trigos y, por otro, se honraba la memoria de don Juan Manuel, cuya labor repobladora fue añorada durante largo tiempo.

Con el paso de los siglos, la devoción a San Juan de Mayo se vería desplazada por devociones marianas, en el caso de Almansa por la de la Virgen de Belén, en el de Albacete por la de la Virgen de Los Llanos, y en el de Chinchilla por la de la Virgen de las Nieves.

 

 

JURAMENTO DE CELEBRAR LAS FIESTAS DE LA VISITACIÓN DE LA VIRGEN Y DE SAN ROQUE

      El 26 de mayo de 1530, día de la Ascensión, aterrorizados por una epidemia de peste que había provocado algunas muertes en la villa, los almanseños se reunieron en la vieja iglesia de Santa María (situada en la falda del castillo) donde, exhortados desde el púlpito por el clérigo Martín Alonso Adornallo, de rodillas y con lágrimas en los ojos, juraron en nombre de todos (presentes, ausentes y venideros) guardar perpetuamente las fiestas de la Visitación de la Virgen a su prima Santa Isabel (2 de julio) y de San Roque (16 de agosto).

Sabemos que San Roque era abogado contra la peste; en 1599 se le dedicó una ermita, el actual templo, donde solía estar la imagen del Santo, que era trasladada a la iglesia de la Asunción para ofrecerle rogativas siempre que dicha plaga hacía acto de presencia. Notables fueron las fiestas de toros organizadas en su honor en 1670, en las que el concejo gastó 757 reales.

Se nos escapa la motivación que pudo llevar a la elección de la fiesta de la Visitación de la Virgen, aunque nos consta que el sacerdote que conminó a los almanseños a formular este juramento, Martín Alonso Adornallo, era de convicciones fervientemente marianas.

   

 

LA DEVOCIÓN A NUESTRA SEÑORA DE BELÉN. EL VOTO DEL CONCEJO

  La devoción a Nuestra Señora de Belén llegó a Almansa gracias a una iniciativa particular, el fervor de un vecino, Juan Sánchez de Belén, que, entre finales del siglo XV y principios del XVI, a su regreso de un viaje a Roma, fundó una ermita en unos terrenos de su propiedad y entronizó en su altar una imagen que él mismo había traído desde la Ciudad Eterna.

    A mediados del siglo XVI, el concejo de Almansa decidió trasladar a dicha ermita la celebración del voto y la fiesta de San Juan de Mayo. Como fruto de este cambio, la devoción a Nuestra Señora de Belén dejó de ser particular y privativa de una familia, para hacerse extensiva a los habitantes de toda la comarca. Pero además, acabó eclipsando el fervor que tradicionalmente los almanseños habían dispensado a San Juan Ante Portam Latinam, produciéndose así un fenómeno paulatino de superposición y desplazamiento de devociones.  

    Lo que con el paso del tiempo sería conocido como el voto del concejo, obligaba a la corporación, al clero y a un representante, al menos, de cada casa; y suponía ir en procesión hasta la ermita de Belén, cada 6 de mayo, donde se llevaban a cabo funciones religiosas y se ofrecía una caridad pública a los menesterosos, que en el siglo XVIII consistía en el reparto de una caldera de arroz, carne y pan (precedente del actual típico plato almanseño de arroz, carne y caracoles). Todos los gastos deberían correr por cuenta del concejo, aunque en 1731 era ya costumbre que los correspondientes a cultos fuesen sufragados por el Gremio de Pastores.

    Muy pronto, la concurrencia a estos actos daría lugar a una pequeña feria, que solía durar desde el mediodía del 5 de mayo hasta la caída del sol del día 6. En 1761, la llamada Feria de Belén fue trasladada a los tres primeros días de septiembre, para acabar siendo suprimida en 1784.

    Al aumentar la concurrencia hubo necesidad de ampliar la primitiva ermita y de construir, luego, otra de mayores dimensiones, sobre la cual adquirió derecho de patronazgo el concejo en detrimento de los herederos del fundador. Como consecuencia del incremento de este fervor, cuando las circunstancias se ponían adversas, los almanseños pedían a voz en grito que se trajese a la población la imagen de la Virgen de Belén, con el fin de ofrecerle rogativas. Éstas eran independientes del voto, que continuó cumpliéndose cada 6 de mayo. Consta que ya se hicieron rogativas en 1627, 1631 y 1633. Las calamidades que las motivaban solían ser sequías, plagas de langosta, enfermedades y terremotos.

   

 

   PATRONAZGO DE SAN FRANCISCO DE ASÍS 

    Según el Padre Deodato Carvajo, el 24 de agosto de 1608 se celebró en Almansa un concejo general abierto, en el que se acordó elegir Patrono de la villa al Seráfico Padre San Francisco y se solicitó la correspondiente ratificación del obispo de Cartagena. Sin ánimo de entrar en polémica, diremos que en los libros capitulares del Ayuntamiento almanseño  no hemos hallado constancia de dicho acuerdo.

    Los testimonios más antiguos relativos a la designación de San Francisco como Patrono de Almansa aparecen, precisamente, en el acta de nombramiento de la Virgen de Belén, en la que tres regidores manifestaban que la villa ya tenía por Patrono a San Francisco; uno de ellos llegaba incluso a declarar que su elección había tenido lugar en 1608.

   

 

    PATRONAZGO DE NUESTRA SEÑORA DE BELÉN 

    En enero de 1644, en cumplimiento de un breve del Papa Urbano VIII que instaba a declarar festivo el día del patrón o patrona de cada localidad, y siguiendo un mandamiento del provisor del obispado, el concejo almanseño acordó, por mayoría de dos tercios, nombrar Patrona de Almansa a la Virgen de Belén. De los 12 presentes, 8 votaron a favor de la Virgen, 2 a favor de San Francisco y otros 2 fueron partidarios de que se realizase un sorteo entre ambos.     

 Según el Padre Carvajo, algunos regidores apelaron de este acuerdo y consiguieron que, en marzo de 1644, se firmase una concordia entre el concejo y el convento de franciscanos, por la que se aceptaba el copatronazgo de la Virgen y San Francisco, y se acordaba que ambas fiestas fuesen consideradas de precepto. Tampoco hemos hallado rastros de este documento.

   

 

    PATRONAZGO DE SAN PASCUAL BAILÓN

 San Pascual Bailón fue canonizado en 1690, motivo por el que, en 1691, se celebraron en Almansa festejos populares acompañados de justa poética. El 24 de diciembre de 1692, a propuesta del convento de franciscanos, el Ayuntamiento designaba a San Pascual Patrón Particular Segundo y Protector de la villa. Al solicitar la confirmación del obispo, éste respondió que el nombramiento no sería válido si no contaba con el refrendo de todo el pueblo, motivo por el que, el 16 de enero de 1693, se celebró concejo general abierto en la ermita de San José y, por votación nominal de todos y cada uno de los vecinos de Almansa, se eligió Patrón y Protector a San Pascual Bailón, señalándose el 17 de mayo como fiesta de precepto.

   

 

    TRASLADO A ALMANSA DE LA CELEBRACIÓN DE LA FIESTA DE NUESTRA SEÑORA DE BELÉN

      El gasto que llevaba consigo el voto del concejo creció de manera espectacular. A finales del siglo XVIII, la afluencia de menesterosos al Santuario de Belén para participar en la caridad pública era tan grande, que el Ayuntamiento comenzó a pensar en trasladar la celebración de la festividad de su Patrona a la iglesia de la Asunción, lo que se consiguió en 1802 con el apoyo del clero parroquial. 

    Ello motivó el recelo de los religiosos franciscanos que, más o menos veladamente, sostenían que el día 6 de mayo no era festivo en la ciudad, sino en el paraje de Belén. Para zanjar la cuestión, y tras un airado cruce de cartas entre el clero regular y el secular, el  23 de mayo de 1803 el párroco de la Asunción don Pascual Marín Castaño y el alcalde almanseño elevaron un escrito a la Sagrada Congregación de Ritos de Roma, en el que exponían las dudas existentes respecto a la legitimidad del nombramiento de la Virgen de Belén como Patrona de Almansa, y preguntaban sobre si el hecho de venir considerándola por tal durante los 158 años anteriores era motivo suficiente para continuar haciéndolo, aunque en su elección hubiese existido algún defecto de forma.

    En enero de 1804, el Papa Pío VII otorgaba una Bula por la que concedía indulgencia plenaria a cuantos fieles orasen, bajo determinadas condiciones, ante el altar de la Virgen de Belén en la iglesia de la Asunción, concesión que todos entendieron venía a ratificar su patronazgo y a legitimar el nuevo lugar de culto, incuestionables ya uno y otro a partir de aquel momento.

   

 

    LAS ROMERÍAS

 A partir de 1802, el hecho de celebrar en la población la festividad de la Virgen de Belén implicaba la necesidad de que su imagen estuviese en la iglesia de la Asunción a primeros de mayo. Había dos formas de conseguirlo: trasladarla definitivamente a la ciudad, o peregrinar a Belén dos veces al año, una para conducirla hasta la parroquia y otra para devolverla a su Santuario. Se optó por la segunda solución, la más aproximada al tradicional voto, lo que dio origen a las actuales romerías, en las que la imagen era transportada a hombros por los sacerdotes. En realidad, podríamos considerar las romerías como una síntesis entre el voto y las rogativas; del voto tomarían su periodicidad anual, y de las rogativas el traslado de la imagen.

    La romería de traída solía realizarse en torno al 25 de abril. La imagen de la Virgen pasaba en Almansa las Fiestas Patronales y el verano (las fechas más críticas para los cereales), y se devolvía a su Santuario en torno al domingo anterior al comienzo de la Feria. Pero en 1955, a raíz de la riada del 4 de septiembre que produjo 9 muertos, se quiso hacer una romería de traída extraordinaria, al estilo de las antiguas rogativas, que tuvo lugar el 12 de octubre. 

    Se aprovechó esta circunstancia para cambiar el orden de las romerías; de manera que, a partir de entonces, la romería de llevada viene teniendo lugar el domingo siguiente al 6 de mayo, y la de traída solía hacerse el domingo anterior al 28 de agosto hasta que, en 1986, se acordó retrasarla hasta el domingo más cercano al 15 de septiembre.

   

 

    CONMEMORACIONES 

    Como hemos tenido ocasión de comprobar, la devoción a la Virgen de Belén es la más arraigada en Almansa. Prueba de ello son las numerosas celebraciones organizadas en su honor a lo largo del siglo XX:  

· Coronación Canónica (5 de mayo de 1925).

· Ofrecimiento del Bastón de Mando del Ayuntamiento (4 de mayo de 1941).

· Imposición de la Medalla de Oro de la Ciudad (4 de mayo de 1950).

· 25º Aniversario de la Coronación (5 de mayo de 1950).  

· Consagración de la Ciudad a su Patrona (6 de mayo de 1953).

· 50º Aniversario de la Coronación (5 de mayo de 1975).  

· Año Mariano Local en conmemoración de 350º Aniversario de su nombramiento como Patrona (1994).

· Imposición de la Segunda Medalla de Oro de la Ciudad (6 de mayo de 1994).

· 75º Aniversario de la Coronación (5 de mayo de 2000).

   

    BIBLIOGRAFÍA:

PEREDA HERNÁNDEZ, M. J. "Agua, Virgen de Belén. Devoción y Tradición en torno a la Patrona de Almansa". Edita Asociación de Ntra. Sra. de Belén. Almansa, 1995.

 

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