480 AÑOS DEL ACUERDO PARA LA EDIFICACIÓN DE LA IGLESIA DE SANTA MARÍA DE LA ASUNCIÓN DE ALMANSA

 

 

 

 

Por Miguel Juan Pereda Hernández

 

 

 

 

El 11 de noviembre de 2006 se cumplieron 480 años de la firma de un acuerdo importante para la Historia de Almansa, el suscrito en 11 de noviembre de 1526 entre la Corporación Municipal, el mayordomo de la iglesia y Maestre Pedro Cantero; un contrato por el que este último daba traza sobre la manera de construir la iglesia mayor almanseña, que hoy conocemos como de Santa María de la Asunción, y se comprometía a edificarla, en el plazo de ocho años, bajo determinadas condiciones.

La actual apariencia del templo es el resultado de un largo proceso constructivo en el que se han venido dando cita diferentes estilos arquitectónicos ―gótico, renacimiento, barroco, neoclásico―; en realidad, el edificio ha sufrido tantas modificaciones que quienes lo contemplaron en sus primeros momentos no lo reconocerían hoy en absoluto. En cierto modo, el templo semeja un navío que surca el piélago de los siglos en pos de un futuro azaroso, sobre el que cada generación aporta su particular esfuerzo con el fin de mantenerlo a flote.

Desde principios del siglo XVI, ante el crecimiento demográfico experimentado por la villa, los almanseños eran conscientes de la necesidad que existía de construir una iglesia mayor. Esta circunstancia les llevaría a dirigirse en varias ocasiones al obispo de Cartagena, no sólo para que autorizase su edificación, sino para que determinase también su emplazamiento, cuestión respecto a la que el Consistorio quería permanecer al margen con el fin de evitar fricciones y rencillas entre las familias más adineradas de la villa, propietarias de los terrenos donde necesariamente debería ser erigida.

Ya en 1503 el concejo había acordado edificar un nuevo templo para trasladar a él la parroquia, que en aquellos momentos se hallaba de manera provisional en la iglesia de San Juan, pues la iglesia vieja, dedicada a Santa María y situada en la falda del castillo, era muy pequeña e insuficiente para acoger a todos los fieles.

En 1521 el Ayuntamiento trató de lograr un acuerdo sobre el lugar más idóneo para su construcción; no obstante, ante la falta de avenimiento, se decidió escribir al obispo de Cartagena rogándole que enviase una comisión que, ajena al entramado de intereses locales, fuese la encargada de señalar su emplazamiento.

El 30 de abril de 1524, tras el compromiso asumido por los almanseños de correr con los gastos de transporte de los materiales, los visitadores del Obispado fijaron el lugar más adecuado para la construcción de la nueva iglesia. Los trabajos comenzarían poco después. El primer artífice que entendió en su edificación fue el maestro Marquina, cuya labor se limitaría a abrir los cimientos, pero en el verano de 1526, ante una serie de problemas surgidos en la obra, con toda probabilidad relacionados con la falta de firmeza del suelo, el concejo acordó buscar otros maestros.

El 8 de septiembre de 1526 llegaba a Almansa Maestre Pedro, artífice que en aquellos momentos dirigía la construcción de la iglesia de San Juan de Albacete (actual catedral) quien, tras visitar la obra e inspeccionar los cimientos abiertos, aseguró bajo juramento que la iglesia almanseña se podría construir sin problemas en aquel lugar, ya que el sitio le parecía muy bueno, y él mismo se atrevía a levantarla recia, firme y bien hecha. Por su parte, el concejo se comprometía a adjudicarle la obra antes que a otros, una vez hubiese aportado los oportunos avales.

El 11 de noviembre de 1526 se reunía el concejo almanseño para tratar con el mayordomo de la iglesia sobre la entrega de la obra a “...Maestre Pedro de Chavarría, vizcaýno veçino de la Mota del Cuervo, maestro de canterýa, maestro mayor de la villa de Alvaçete...”.

 

 

Logrado el acuerdo, el concejo se obligaba a correr con  los gastos de transporte de materiales hasta pie de obra durante todo el tiempo que durasen los trabajos, siempre y cuando el maestro se hiciese cargo del importe de la piedra, la cal y la arena ya preparadas hasta el momento. Por su parte, Maestre Pedro manifestaba que “...tomava e rresçibýa en sy la dicha obra, con las condiciones desuso dichas, e se obligava por su persona e bienes de fazer la dicha yglesya en el sytio questá señalado, dentro de ocho años primeros siguyentes, de la traça y maestrýa que tiene dada al conçejo desta villa, buena y firme y rrezia y bien fecha, de manposterýa las paredes...”.

El diseño preparado por Maestre Pedro para la construcción de la iglesia almanseña constaba de una única nave de 50 por 160 pies (13,95 X 44,64 metros), con sus paredes obradas de mampostería de cuatro pies de grosor, cinco en sus cimientos (1,116 y 1,395 metros), y sus estribos o contrafuertes correspondientes. El edificio tendría sus esquinas de sillería hasta el remate de los pilares, terminaría en un entablamento o cornisa culminado por bolas de cantería y contaría con ocho ventanas abiertas al exterior.

 

 

“...que a de ser la dicha yglesya obrada de vna nave de çinquenta

pies de ancho y de larguýa çiento y sesenta pies, conforme a la traça

o lo que menos cupiere conforme a la traça;

que a de fechar el dicho çimyento tan hondo quanto fuere menester,

y de anchura la pared hasta la flor de la tierra çinco pies, e de allý a

rriba quatro pies, con sus estribos conforme a la traça,

sus esquynas de piedra labrada hasta el rremate de los pilares,

con quatro ventanas en cada capilla, dos de piedra labrada,

e arriba su tablamento con sus bolas de canterýa labradas con

vn pie do suele ir el tablamento...”.

 

La nave estaría dividida a su vez en dos tramos: capilla mayor (altar mayor y presbiterio) y capilla segunda (resto de la nave). Los basamentos de los pilares torales ―pilastras en realidad— de la capilla mayor se labrarían de la mejor piedra que se hallare. En los muros de la capilla segunda se construirían cuatro arcos (dos a cada lado) para posteriormente abrir otras tantas capillas laterales. También se levantaría una sacristía. El plazo de edificación de las capillas mayor y segunda sería de ocho años.

La obra se realizaría a vista de maestros, es decir, Maestre Pedro y sus fiadores pagarían todos los gastos, a excepción del transporte de materiales que correría por cuenta del concejo, y una vez acabados los trabajos se nombraría a dos maestros, uno por cada parte, que juntos determinarían el valor de lo edificado, cuyo importe asumiría la fábrica de la iglesia con un plazo de amortización de cuatro años. Si todo iba bien, las labores concluirían en 1534 y el finiquito podría dilatarse hasta 1538.

El maestro presentó a sus fiadores, todos ellos vecinos de Almansa, que aportaron como garantía sus bienes y se obligaron mancomunados a:

Por la otra parte, concejo y mayordomo de la iglesia, obligando asimismo sus respectivas rentas, prometieron:

 Los trabajos se reiniciarían pronto bajo la dirección del maestro Juan de Aranguren y, finalmente, tras diversas vicisitudes, el templo entraría en servicio el 25 de abril de 1545.

 

 

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