CONSECUENCIAS

DE LA

BATALLA DE ALMANSA

 

 

Caída de los reinos de Aragón y Valencia

El 26 de abril de 1707 llegaba a Almansa el duque de Orleáns; sus fuerzas, unidas a las de Berwick, marcharon el 27 de abril hacia Requena, que se rindió el 6 de mayo. Seis días después Valencia se sometía a Berwick, y el 26 del mismo mes el duque de Orleáns entraba en Zaragoza. Uno de los hechos más lamentable se produciría en Játiva. Fiel al archiduque hasta el último momento, soportó el sitio desde el 26 de mayo al 6 de junio. Sin atender los consejos del duque de Orleans y de numerosas personalidades del reino valenciano, Felipe V ordenó que la ciudad fuese quemada y le fuese cambiado el nombre por el de San Felipe.

Pérdida de los fueros

La frase pronunciada por Berwick al entrar en Valencia despejaba cualquier tipo de duda respecto al futuro de los fueros valencianos: "...este Reyno ha sido rebelde a Su Majestad y ha sido conquistado, haviendo cometido contra Su Majestad una grande alevosía; y así, no tiene más privilegios ni fueros que aquellos que Su Magestad quisiere conceder en adelante...".

El 29 de junio de 1707, Felipe V promulgaba el Decreto de Nueva Planta, que venía a abolir los fueros de Aragón y Valencia.

Como consecuencia, los valencianos perdían todas sus instituciones de gobierno y quedaban sometidos, tanto en el aspecto administrativo, como en el relativo al derecho privado, a las leyes de Castilla.

"...Considerando haber perdido los Reinos de Aragón y de Valencia, y todos sus habitadores por el rebelión que cometieron, faltando enteramente al juramento de fidelidad que me hicieron como a su legítimo Rey y Señor, todos sus fueros, privilegios, exenciones y libertades que gozaban y que con tan liberal mano se les habían concedido, así por mí como por los Señores Reyes mis predecesores, particularizándolos en esto de los demás Reinos de esta Corona; y tocándome el dominio absoluto de los referidos reinos de Aragón y de Valencia, pues a la circunstancia de ser comprendidos en los demás que tan legítimamente poseo en esta Monarquía, se añade ahora la del justo derecho de la conquista que de ellos han hecho últimamente mis Armas con el motivo de su rebelión; y considerando también, que uno de los principales atributos de la Soberanía es la imposición y derogación de leyes, las cuales con la variedad de los tiempos y mudanza de costumbres podría yo alterar, aun sin los graves y fundados motivos y circunstancias que hoy concurren para ello en lo tocante a los de Aragón y Valencia.

He juzgado conveniente (así por esto como por mi deseo de reducir todos mis reinos de España a la uniformidad de unas mismas leyes, usos, costumbres y Tribunales, gobernándose igualmente todos por las leyes de Castilla tan loables y plausibles en todo el Universo) abolir y derogar enteramente, como desde luego doy por abolidos y derogados, todos los referidos fueros, privilegios, práctica y costumbre hasta aquí observadas en los referidos reinos de Aragón y Valencia; siendo mi voluntad, que éstos se reduzcan a las leyes de Castilla, y al uso, práctica y forma de gobierno que se tiene y ha tenido en ella y en sus Tribunales sin diferencia alguna en nada; pudiendo obtener por esta razón mis fidelísimos vasallos los Castellanos oficios y empleos en Aragón y Valencia, de la misma manera que los Aragoneses y Valencianos han de poder en adelante gozarlos en Castilla sin ninguna distinción; facilitando yo por este medio a los Castellanos motivos para que acrediten de nuevo los efectos de mi gratitud, dispensando en ellos los mayores premios, y gracias tan merecidas de su experimentada y acrisolada fidelidad, y dando a los Aragoneses y Valencianos recíproca e igualmente mayores pruebas de mi benignidad, habilitándolos para lo que no lo estaban, en medio de la gran libertad de los fueros que gozaban antes; y ahora quedan abolidos: en cuya consecuencia he resuelto, que la Audiencia de Ministros que se ha formado para Valencia, y la que he mandado se forme para Aragón, se gobiernen y manejen en todo y por todo como las dos Chancillerías de Valladolid y Granada, observando literalmente las mismas regalías, leyes, práctica, ordenanzas y costumbres que se guardan en estas, sin la menor distinción y diferencia en nada, excepto en las controversias y puntos de jurisdicción eclesiástica, y modo de tratarla, que en esto se ha de observar la práctica y estilo que hubiere habido hasta aquí, en consecuencia de las concordias ajustadas con la Sede Apostólica, en que no se debe variar: de cuya resolución he querido participar al Consejo para que lo tenga entendido.

 

El recuerdo de aquella represión permitió acuñar una máxima que todavía suele escucharse hoy día, casi 300 años después:

 

"Quan el mal ve d’Almansa a tots alcança".

 

 

 

Impacto para Almansa

El triunfo borbónico supuso para los almanseños el fin de la inseguridad y la tensión que existieron en la comarca desde que en 1705 las tropas aliadas desembarcaron en Denia.

La presencia del ejército franco-español trajo consigo desagradables incidentes; algunos soldados incontrolados se dedicaron al robo de ganado, así como al asalto de casas de campo, molinos e incluso de la ermita de Nuestra Señora de Belén, aunque la imagen no estaba allí sino en la villa.

A ello hay que unir los elevados gastos que supuso para los vecinos de Almansa su contribución al mantenimiento de un ejército tan numeroso y al sostenimiento de los hospitales improvisados para atender a los heridos.

Así vemos como el 28 de abril de 1707, el caballero d’Asfeld, exigía al concejo 400 colchones, 200 doscientos jergones, 600 mantas, todo el lienzo y vendas disponibles y 400 escudillas con destino al hospital de franceses, además de las cuadrillas de hombres necesarias para enterrar a los muertos.

Todo esto es prueba de que, al menos económicamente, los almanseños también sufrieron un duro quebranto.

Feria y título para Almansa

El 12 de agosto de 1707, una real cédula otorgaba a la villa de Almansa quince días de feria franca, a comenzar desde el día de San Marcos (25 de abril).

Asimismo, con fecha 19 de julio de 1707, Felipe V concedía a la población el título de "Muy Noble, Muy Leal y Felicísima".

 

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