1649-1650: LA VILLA DE ALMANSA
 ATACADA POR BANDOLEROS

 

 

 

 

Por Miguel-Juan PEREDA HERNÁNDEZ

 

 

1. La crisis del siglo XVII

Sabido es que el siglo XVII, en general, significó para la Monarquía Hispánica un período de decadencia caracterizado por las guerras, las continuas levas, el incremento fiscal, los intentos separatistas y la pérdida de población; crisis que, evidentemente, también afectó a Almansa.

 

 

2. Bandolerismo en Almansa.

Alonso Sánchez y Sebastián González

Antes de proceder al relato de los hechos, y dada la complejidad de los mismos, resultaría conveniente conocer a sus principales protagonistas.

 

 

Hacia mediados del siglo XVII, como consecuencia de las continuas levas y los constantes incrementos impositivos, aumentó de un modo espectacular el bandolerismo; en otras palabras, muchos vecinos decidieron echarse al monte para no ir a la guerra o no pagar impuestos.

La situación derivó hacia un episodio muy violento, uno de cuyos principales protagonistas sería Alonso Sánchez Iñíguez, alcalde ordinario de Almansa desde septiembre de 1644 hasta septiembre de 1646, a quien, acabado su oficio, el corregidor de Chinchilla, don Juan Duque de Estrada, le dio comisión (y casi carta blanca) para perseguir a las partidas de bandoleros que andaban por la comarca, entre los que se contaban algunos almanseños.

Si bien el recurso a tales prácticas a la hora de perseguir las banderías pudo ser algo habitual en el reino de Valencia, no solía serlo en los territorios de la Corona de Castilla.

Aceptada su comisión, Alonso Sánchez prendió a uno de los bandoleros, el almanseño Sebastián González, y lo envió a prisión a Chinchilla, de donde escapó y se declaró enemigo encarnizado de su captor.

 

 

Alonso Sánchez y sus hombres, sospechando que tarde o temprano Sebastián González acabaría acudiendo furtivamente a su casa, la vigilaron hasta conseguir prenderle cuando se hallaba cerca de ella. Pero conduciéndole a la cárcel (que estaba en la actual calle de La Estrella), le dieron muerte a escopetazos en plena Plaza Pública alegando resistencia a la autoridad, aunque la madre y la esposa del finado declararon que le habían asesinado a sangre fría: "...siruióle para matar a Sebastián González, si resistiéndosele o no es cosa que no perteneçe a esta defensa el afirmarlo o negarlo; los autos que se fulminaron testifican calificada resistencia, la madre y mujer del muerto afirman que le mataron sin hacer armas; el amor y el odio no haçen buenos testigos...".

 

3. El ataque del 20 de enero de 1649

Para vengarle, el 20 de enero de 1649, día de San Sebastián y onomástica del difunto, sus partidarios, dirigidos por Alonso Ibáñez (un antiguo seguidor de Sánchez que había cambiado de bando) entraron violentamente en Almansa y provocaron la muerte a algunos vecinos, así como heridas a otros: “...la entrada que hiçieron el día que se contaron veinte de el corriente en esta villa Alonso Ybáñez y los que le acompañauan, el escándalo, muertes y heridos y el grande desconsuelo de los beçinos...”.

Reunido el Ayuntamiento, el sábado 23 de enero, tras dar cuenta del suceso y manifestar que “...no se pudo ejecutar acción de justicia por defecto de fuerças y no auer acudido los vezinos...”, alcaldes y regidores ordenaron que se hiciese “...vna lista de todos los vezinos ábiles para el manejo de las armas, sacándolos de vn padrón, y se les manifieste notifiquen las armas que tienen, de qualesquier calidad que sean, y a los que no las tubieren se las den...”, así como que los alcaldes visitasen todas las tiendas y demás lugares de la villa “...adonde tengan notiçia que ay pólbora, balas y cuerda...”, embargasen las existencias y, en caso de no hallarlas, enviasen a comprarlas al sitio más cercano donde las hubiere.

 

4. Perdón para los bandoleros almanseños

A aquellas alturas eran ya muchos los almanseños que juzgaban desmesurado “...el proceder de Alonso Sánchez, y que el abuso de su comisión iba abriendo çanjas y tanta calamidad como no se ha visto en esta tierra...”. Informado de ello el corregidor, vino a Almansa y convocó ayuntamiento general, donde se habló de la conveniencia de despojar a Sánchez de sus atribuciones, ya que “...esta verdad rubricauan con su sangre las muertes violentas que a la sombra de la comisión se executaban...”.

Si bien en un principio el corregidor pareció aceptar la propuesta, continuó favoreciendo a Sánchez con su valimiento; lo que no vino sino a fomentar el odio al comprobarse que éste y sus prosélitos seguían bajo el amparo de la Justicia Mayor del Corregimiento, a pesar de que sus actuaciones no se caracterizaban precisamente por hallarse dentro de la legalidad. Bien reconociendo su error, bien para que las quejas no llegasen hasta el Real Consejo de Castilla, el corregidor acabó propiciando la paz entre las partes y parece ser que incluso llegó a firmarse una escritura de concordia y perdón a favor de Ibáñez y sus hombres.

 

4. Nuevo asalto

Mediado el mes de junio de 1650, otros bandoleros, liderados por un tal Çiscal o Çiscar, atacaron Almansa. Creyendo Alonso Sánchez (tal vez con razón) que éstos estaban en connivencia con sus compinches almanseños, atrapó a Alonso Ibáñez y, como acostumbraba, sin juicio previo alguno, le dio muerte en la Plaza Pública. Intervino ante tal hecho la Justicia de la villa y, aunque trató de prender a Sánchez y a sus hombres, sólo pudo detener a uno de ellos (Mingo Pérez), ya que los demás tuvieron tiempo de huir hacia Chinchilla para dar cuenta al corregidor: “...cansado ya de humear el fuego del odio, leuantó su mayor llama en Alonso Sánchez, dando muerte a Alonso Ybáñez en la Plaza Pública, a cuyo ruydo acudió la Justicia y prendió a Mingo Pérez, vno de los que le acompañaron en esta vltima maldad...”.

 

 

5. Alonso Sánchez, el corregidor y sus hombres entran en Almansa

Una semana después, el 22 de junio de 1650, Alonso Sánchez hacía su entrada en Almansa “...acompañando al corregidor, con doce hombres armados con charpas y tercerolas, las escopetas largas en la cara, valas en la boca, traje de bandoleros; pisando el sitio que ocho días antes hauía regado con sangre, cuyas manchas aún estauan reçientes...”.

 

 

6. Sesenta bandoleros sitian la Plaza Pública almanseña

Su intención no era otra que liberar a su amigo Mingo Pérez, que continuaba en prisión por orden de la Justicia almanseña. Enterados los bandoleros locales de que el corregidor en persona amparaba al responsable de la muerte de su cabecilla, corrieron a avisar al resto de sus compañeros, así como a otros compinches de las poblaciones vecinas, llegando a reunir un contingente de unos 60 hombres con el que, al día siguiente, pusieron cerco al corregidor, Sánchez y sus hombres en la Plaza Pública de Almansa.

 

7. El corregidor llega a un acuerdo con los sitiadores

Ante el asombro de todos, el corregidor (don Juan Duque de Estrada) se entrevistó a solas en varias ocasiones con dos de los más señalados de los sitiadores (Antonio Rodríguez y Tomás Cerdán), con los que llegó a un sospechoso acuerdo: “...capituló con los vandoleros, lo que era indecente a su officio, y que sobre ello dio vna nota a Antón Rodríguez y que les ofrecía lo que quisiesen [...] dicho corregidor se vio con los vandoleros vna y muchas vezes, especialmente con Antonio Rodríguez y Thomás Cerdán, que eran de los principales, y hablaron a solas sin ynteruención de otra persona; y que él lo quiso, siempre fue sospechoso...”.

Los términos de la capitulación eran muy claros; Alonso Sánchez y sus adeptos depondrían las armas y se entregarían a la Justicia almanseña, que les garantizaría un juicio justo; a cambio, el corregidor y sus hombres podrían salir de la Plaza y marcharse a Chinchilla.

Las autoridades locales previnieron, sin éxito, al corregidor del peligro que ello supondría para Sánchez y sus partidarios: “...fue aduertido del riesgo en que dejaua a aquellos hombres çercados si los desarmaba no asegurándose bastantemente de sus enemigos, y que cooperaba con el nombre y autoridad del Rey en vna cosa tan fea, pues conocidamente los auían de matar, y nada bastó para que no preualeciese su desacertada confianza...”.

 

8. Los bandoleros dan muerte a Sánchez y a dos de sus hombres

El corregidor convenció a Alonso Sánchez y a sus hombres de que entregasen sus armas y, una vez desarmados, ordenó a los alcaldes de Almansa que "...les hechasen grillos al dicho y sus compañeros....", para acto seguido marcharse de la Plaza.

Como era de esperar, en cuanto el corregidor y sus hombres hubieron salido de Almansa, los bandidos aprovecharon la ocasión para tomarse la justicia por su mano; entraron en la Plaza y dieron muerte a Alonso Sánchez y a dos de sus compañeros, sin que las autoridades locales y los 30 vecinos que les asistían fuesen capaces de hacerles frente para evitarlo: “...siendo sesenta los vandoleros, hombres atreuidos, diestros en las armas de fuego que profesan [...] ¿qué hauían de resistir treynta hombres, algunos sin armas, temerosos de Dios y que por sus obligaciones acudieron al lado del Rey arriesgando sus vidas ynútilmente...”.

 

9. El corregidor acusa a las autoridades almanseñas de omisión

Lo más curioso del caso es que el corregidor acabó acusando de omisión a las autoridades almanseñas y, en consecuencia, todos cuantos habían ocupado oficios de alcalde, regidor y justicia en el concejo de Almansa desde 1646 hasta 1650 fueron sometidos a juicio de residencia y encarcelados.

Precisamente hemos tenido noticia de estos sucesos gracias al alegato preparado por el abogado defensor de los encausados, probablemente don Marcos Antonio de Alcaraz y Pardo, el cual, admitiendo la posibilidad de que sus defendidos hubiesen podido actuar más acertadamente, acababa pidiendo la puesta en libertad de los mismos: “...justamente se prometen los suplicantes ser dados por libres y sin costas (con la considerazión de que son hombres llenos de ymperfecciones los que componen la República y no ángeles que no pueden pecar)...”.

No conocemos el fallo del Tribunal, aunque dado que muchos de los acusados eran miembros de las principales familias de la villa, es de suponer que las penas no serían muy severas.

 

 

APÉNDICE DOCUMENTAL

 

“Allegato de la Villa de Almansa en reçidencia.

            La Villa de Almansa, constituyda en sus alcaldes, regidores y demás ministros de Justiçia que de presente son y an sido desde el año de quarenta y seys a esta parte, assí por comunidad como por lo que a cada vno toca en particular, en la causa de omisión sobre que están pressos por resulta de la comissión y pesquisa en que Vuestra Merced está entendiendo, dice:

            Que vistos por Vuestra Merced los autos y descargos que se an hecho en el término de prueba hallará bastantemente justificadas sus defensas para que los dichos pressos sean dados por libres sin costas, sin embargo de las acusaciones puestas por el promotor fiscal de la Audiencia; y demás de lo que resulta faborable de los autos, assí en sumario como en plenario juycio, suplica a Vuestra Merced cargue la consideración en lo siguiente:

1.      Siempre fueron la vida y la honrra bienes que entre los de más alta orden tubieron, el primero lugar por ser los que exceden a todos los temporales, y para los buenos barones la honrra preferida a la propia vida; y estos son los objetos sobre que pende la decisión deste juicio, en que si bien las acusaciones no tienen fundamento y las conjeturas son leues y están desuanecidas, con las defensas hechas todavía se deue justificar la ynocencia, pues en lo que tanto ymporta no se deue menospreciar la vana voz para que se conseruen ylessas la fama y el buen nombre que es de más estimación que la mayor opulencia.

2.       La reelección que se hiço de Alcalde ordinario en Alonsso Sánchez Yñíguez el año pasado de quarenta y çinco para quarenta y seis se da por causa y por las ynquietudes desta tierra y por ella se informa culpa a los que la hicieron y parece que se les deue librar della, él que al tiempo de la elección era vecino, regidor y depositario general de las rentas y reputado por a propósito para el dicho officio respecto de hauerle exercido muy a satisfacción de los ministros superiores, con que obrando con recto dictamen conforme lo presente no faltaron a su obligación ni de los futuros contingentes se les deue formar cargo, pues assí como es natural de la miseria humana ygnorar lo porvenir, por ser atributo de Dios que se reseruó por propio el ber lo venidero, y si el suceso fue ajeno de la yntención de los Capitulares y el efecto opuesto a su concepto, no se a de considerar por culpable accidental en su hecho.

3.       Las ynquietudes y bandos que an conmobido esta tierra y por ellos las muertes que an sucedido no an sido efectos de la omisión acusada, mérito sí de la maliçia de sus paçientes, y porque ésta es la piedra sobre que como fundamental estriua la acusación fiscal, cuya satisfacción no puede comprehenderse sin extensión de palabras por hallarse faborecida de los ynformes que en el Consejo Real  hiço D. Juan Duque de Estrada, corregidor que fue deste partido, en que sin causa ni razón dio por culpados a los practicantes en común, se supone como preciso el hecho que se deduçe de la sumaria ynformaçión.

4.       Que dicho Alonso Sánchez fue reelijido alcalde ordinario por pareçer assí conueniente, como está ponderado, y cumplido el año de la vara le dio dicho Don Juan Duque comissión para perseguir vandidos en virtud de la prouatiua que tenía. Los motibos que tubo dicho Don Juan no se alcançan ni es justo culparlo en esta acción por este primero tiempo, porque pudieron ser los siguientes.

5.       Que dicho Alonso Sánchez prendió a Sebastián González, y fujitibo de las cárceles de Chinchilla el susodicho fue su enemigo fundandose en la vengança de la prisión, y siempre pareçió justo fuese faboreçido Alonso Sánchez de la justiçia en el empeño que le causó el administrarla, que el dar estas comisiones era práctica del Reyno de Valençia, seguida en las políticas de los Excelentísimos Señores Duque de Arcos y Conde de Oropesa, Virreyes de aquel Reyno aprobada en los tiempos de su Gobierno. Otros propendría al Consejo Real y sin duda muy eficazes, pues obligaron a ratificar la comisión y darla de nuevo, y sobre lo hecho por el más recto y supremo tribunal de la tierra sería a manera de sacrilegio reducir a disputa si por aquel tiempo fue o no conueniente que dicho Alonso Sánchez tubiera dicha comisión, lo çierto fue que variando el yntento se valió de la ocasión y las armas que le dieron para administrar justiçia, y quieta la república las hiço seruir para contrario efecto.

6.       Siruióle para matar a Sebastián González, si resistiéndosele o no es cosa que no perteneçe a esta defensa el afirmarlo o negarlo, los autos que se fulminaron testifican calificada resistencia, la madre y mujer del muerto afirman que le mataron sin hacer armas; el amor y el odio no haçen buenos testigos, y no hauiendo desapasionados que testifiquen la verdad se esté en su lugar que la decisión es más difíçil en el hecho que en la apariençia. Lo que pareçe más probable es que la comisión no dio liçençia para matar sin preçisa calificada resistencia, ni hablando con la veneraçión deuida a los superiores es creyble que se concediera de otra forma, porque darla al particular para que mate al malhechor no se puede sin preçeder sentençia de juez competente que lo mande, lo demás es obrar contra el derecho natural que prohiue ser condenado sin ser oýdo y citado, y en este artículo ni el Príncipe ni la República pueden dispensar regularmente hablando, porque sería poner capa de justiçia a la venganza.

7.       Reconocido por el Ayuntamiento de la dicha Villa el proceder de Alonso Sánchez y que el abuso de su comisión iba abriendo çanjas y tanta calamidad como se ha visto en esta tierra, si es fáçil la ruyna y difíçil el reparo, con ocasión del tumulto del día de San Sebastián del año de quarenta y nuebe, hiço ynstancia a dicho D. Juan Duque para que viniese a soliçitar el remedio que pedía semejante sedición, como lo hiço, y para su mejor expedición hiço cauildo assí de capitulares como de las personas particulares que podían ayudar con su consejo y acuerdo, y en él se le significó por fundamental principio deste Ayuntamiento la comisión que tenía el dicho Alonso Sánchez y de quanta conueniençia era quitársela, y especialmente se le leyó el boto y discurso de vn capitular, que está presentado en los autos, en que con el modo más libre que se permite a la modestia con que debía hablar (falta un renglon) de la juridizión priuatiua que conocía por comisión del Consejo Real, variando totalmente el fin para que se le dieron; todos concurrieron en este parecer, y en que si bien hauía sido honesto el amparo de Alonso Sánchez en quanto se halló empeñado por la causa del Rey, no era preciso el medio de la comisión, y que si al principio parecía conueniente que la tubiera, la experiencia, maestra verdadera de las cosas,  enseñaua que no conuenía, y que esta verdad rubricauan con su sangre las muertes violentas que, a sombra de la comisión, se executaban. Y que si las repúblicas valencianas hauían motibado el darla, ellas mismas hacían exemplar para quitarla, pues de acuerdo común y súplica de los estamentos se rebocaron las comisiones conociéndose por este medio mucha mejora en la quietud, y a la verdad poner el poder en manos de la pasión era poner la espada en manos de vn loco; y estando tan ofendido y ayrado Alonso Sánchez contra los que perseguía, poco lugar tendría en su entendimiento la prouidencia para regular sus acciones con la razón.

8.       Éstas y otras razones fueron la propuesta de aquel cauildo, y si bien el corregidor pareció conuencido dellas por entonces, prosiguió en el valimiento de Alonso Sánchez, haciendo su porfía entereza y su thema pundonor, conseruándole en su comisión y haciendo tales ynformes que obligaron a su aprobación como questá representado sacando de la atriaca que se le proponía para remedio de tantos males veneno que ynficionó de todo punto la república, faltando a la primera obligación de su officio con la pertinancia en su parecer tan conocidamente dañoso, y en acción tan ajena de la ley... de la justicia, que se mide siempre con lo honesto y justo, acto condenado comunmente y destruyendo el supuesto que se da por constante en los señores del Consejo, de que no a de faltar la verdad en ministro a quien cometen alta y baja jurisdicción, considerándole sin los achaques de pasión contra los forasteros y no ynteresado como los naturales, y en fin atendiendo a lo que debió haçer y no a lo que hiço.

9.       Desta constancia o más propiamente protección creció el odio y pasión vengativa en los coraçones de los contrarios de dicho Alonso Sánchez, y aunque por entonces se ausentaron no les hacía buena consonancia que Alonso Sánchez y los de su parcialidad estubiesen en sus casas con su libertad amparados de la justicia mayor quando en él consideraban yguales delitos a los suyos, y que no se guardaba la ygualdad deuida, con que resoluieron a hacerse fuertes en sus casas derramando estas quejas para atraer el pueblo que con tanta facilidad ama oy lo que aborreció ayer.

10.   Reconocido, aunque tarde, este daño por el corregidor, trató (o ya porque estas quejas no llegasen al Real Consejo, o porque fuese cierto como deçía que traýa encargado el componerlos) de apartar estas diferencias por vía de paz, y aunque no con su asistencia se efectuó la concordia de que se hizo escritura, que está en los autos, tan en descrédito de la Justizia Real y de la República que más mereció el nombre de conspiración contra los pacíficos que de amistad, pues la hecha solamente con fin de viuir libres de las leyes de la razón no es amistad sino conjuración.

11.   (Falta el primer renglón)... poco tiempo los que como las justicias diuinas y humanas estauan sin género de satisfación y no çesaba la ocasión de disgustos por hallarse siempre con las armas en las manos, fundada la paz en un trato simulado, sin fin honesto, brotó con más beneno la pasión, reynando en cada vno de las partes mucha desconfianza,haciéndose demostración della con la venida de Çiscal, famoso vandolero, y sucessos que della resultaron, que constan en los autos. Cansado ya de humear el fuego del odio, leuantó su mayor llama en Alonso Sánchez dando la muerte a Alonso Ybáñez en la Plaza Pública, a cuyo ruydo acudió la Justicia y prendió a Mingo Pérez, vno de los que le acompañaron en esta vltima maldad; y aunque procuró haçer lo mismo en el dicho Alonso Sánchez y los demás de su facción, no pudo porque se ausentó y fue a dar quenta a dicho corregidor, confiado en que daría por bien hecha la dicha muerte como lo hauía hecho en la referida de Sebastián González; y no juzgó mal, pues fue poderoso para traerle a esta Villa con fin de sacar de la prisión a dicho Mingo Pérez.

12.   Sea líçito en este suçesso verdadero, y que consta de los autos, ponderar para la defensa que se pretende las acciones del correjidor, aunque con propio dolor, porque hauiendo sido tal corregidor y a quien el Rey nuestro Señor encomendó el gobierno desta tierra, y estando muerto, verdaderamente, si no fuera tan necesaria esta defensa, se omitiera lo que pasó, mas templarase esta excepçión vssando della limitadamente, y en quanto es forzosa para repeler el crimen que se ymputa, sin embargo de la ofensa que hiço a esta Villa cargándole la culpa que el susodicho tubo, en la relazión que hizo al Real Consejo.

13.   Entró Alonso Sánchez en esta Villa acompañando al corregidor con doce hombres armados con charpas y tercerolas, las escopetas largas en la cara, valas en la boca, traje de vandoleros, pisando el sitio que ocho días antes hauía regado con sangre, cuyas manchas aún estauan reçientes, y con espeçial recreaçión del hecho que tan aborreçible fue a los ojos de Dios, como cometido sin forma jurídica, y porque no tubo authoridad, y que lo hizo por propia passión y venganza, aunque el paçiente tenía bien mereçida la muerte y fue medido como midió a otros, pues sus delitos le hiçieron famoso, nótese que esta entrada era para sacar a vn preso merecedor del castigo que en él se executó, y amenazando a los vezinos quietos que estauan como atónitos y pasmados destos suçesos, ¿qué podía producir en los corazones esta acción?, ¿ni quién reparar el aborreçimiento que se grajeaua hecho tan sin prudençia?; el suçeso, que consta en los autos, lo diçe: la parçialidad de Alonso Ybáñez, que lo que le faltaua de valimiento en la justicia le sobraba en fuerzas naturales y estranjeras, viendo su tratado rompido con pérdida de su prinçipal caudillo y que desta ofensa era protector el corregidor, que no debió ser parçial sin pecar en tantos preçeptos dibinos y humanos, rompió con los respetos deuidos y con tumulto y armas acometió hasta poner en execución el crimen que, siendo el vltimo de los suyos, se ganó la primaçía dellos, lo atroz y detestable.

14.   Si este hecho del corregidor se considerara por exceso notorio reducirle a esta persona particular porque para el delito no da el Rey nuestro Señor la judicatura, mas quando no lo sea no admite duda que fue grande ymprudencia y acción desatentada, porque si era dirijida al castigo de los que oprimían la República, traýa desacreditada la autoridad de la justicia con la compañía de hombres en quien hauía delitos, y si remitía a la fuerça lo que debiera obrar la utoridad, era poco el número de jente para conseguir su intento, faltando el preçepto político de buen gobernador en querer executarle con peligro de alborotos y conocido riesgo de su descrédito, siendo mayor el daño del escándalo y el acto de la desobediencia que la falta del escarmiento.

15.   Tan presto passó el corregidor del estremo del fabor al de el odio para con Alonso Sánchez que pudo ser notado de fáçil, toda su diligençia se dirijió no a fomentar su defensa quando salió fuera de su compañía, sino a desarmarle; siempre en estos lançes se discurren varias cosas, todas las que en éste se dijeron fueron contrarias al corregidor; es a sauer que por sacar del peligro a Don Francisco de Paz, su sobrino, de quien haçía prenda y retençión Alonso Sánchez, capituló con los vandoleros, lo que era yndecente a su officio, y que sobre ello dio vna nota a Antón Rodríguez, y que les ofreçia lo que quisiesen; estos fueron juicios que cada vno les pudo añidir o quitar a su voluntad. Lo que se afirma por cierto es que el dicho corregidor se vió con los vandoleros vna y muchas vezes, espeçialmente con Antonio Rodríguez y Thomás Cerdán, que eran de los principales, y hablaron a solas sin ynteruención de otra persona, y que él lo quiso siempre fue sospechoso, y que fue aduertido del riesgo en que dejaua a aquellos hombres çercados si los desarmaba, no asegurándose bastantemente de sus enemigos, y que cooperaba con el nombre y autoridad del Rey en vna cosa tan fea, pues conocidamente los hauían de matar, y nada bastó para que no preualeciese su desacertada confianza; y hauiendo asigurado al guardián de su sobrino, que a la sazón era, la conueniençia que se le seguía a Alonso Sánchez de entregar las armas, se entregaron por su mando, y mandó a los alcaldes que les hechasen grillos al dicho y sus compañeros y se fue de la Plaza.

16.   Considérese que en este tiempo estaban los vandidos apoderados de la Plaza y tomados los puestos della sin temor a Dios ni al Rey, y con las calidades que expresa San Pablo, con que se conocía quan vana era la confianza de su promesa, aunque se tiene por cierto que aun essa no la ofrezieron, y que quando algunos capitulares hubieran estado presentes al acto no concurrieron en la malicia ni era creyble que afirmando el corregidor la seguridad que tenía fuese falible en cosa tan graue, antes bien la debieron presumir fundamentada con satisfaçión yndudable, y fue obligaçión preçisa obedeçer a su juez que milita tanto en las causas ciuiles como en las criminales en la más corriente y cierta opinión.

17.   Murió Alonso Sánchez y dos compañeros a manos de sus enemigos, que ansí les tomó Dios por ynstrumento para castigar sus delitos, como a dicho Alonso Sánchez para castigar los de Antón Ybáñez, y tomará los que fuere su voluntad para los que quedan. Pero se debe notar que siendo el dicho Alonso Sánchez hombre astuto, sagaz y que conocía quanta emulaçión hauía granjeado su proçeder en los vltimos tiempos de sus vandos, y sus contrarios deseauan çebarse en su sangre sin hallar oposiçión a esta voluntad, que estaua con el poder en términos de ynsolente, ciego el discurso a todas estas razones, entregó las armas quedándose a merçed de quien tubo por virtud el matarle, siendo su comissión el anzuelo que le puso en manos de sus enemigos, como el amparo de sus delitos, para que se conozca quan çierta es la regla en derecho en causas ciuiles y criminales, que por donde la acción naçe y se comiença el delito, por los mismos términos muere.

18.   Deste hecho yndubitado y verificado en los autos saca el fiscal desta audienzia la culpa de omisión que se ymputa, fundándose en que los prinçipios fueron remediables y que en las ocasiones que se an ofrezido la justiçia no a cumplido con su obligaçión, y los acusado con la que tienen de darle fabor y ayuda, así por las de sus personas como por las de sus officios, y discurriendo breuemente se procurará satisfaçer este cargo y purgar esta nota.

19.   No es dudable que la causa que puso a Alonso Sánchez en obligaçión de guardarse y de acompañarse con jente fue justificada, si después abusó o no, no es deste papel, que bastante tiene que lo deçidan, también es çierto que en aquel tiempo andaua en su facción Alonso Ybáñez, con quien sin duda le sucedió lo que al rústico que refiere Gabrias; y en esto no fue culpable en la justicia el no prenderle, pues estaua en graçia del Rey, cobraron tantas fuerças por sí y ya por las correspondencias forasteras que en el primero lançe en que se perdió el respeto a la justicia, que fue el de los escopetazos a Sebastián González y resistençia calificada en la Plaza, se conoció era necesario mayor brazo para redimirlos que el de la justicia ordinaria; sucedió la muerte de Sebastián González, que ocasionó la venida de Alonso Ybáñez, que ya estaua apartado de la compañía de Alonso Sánchez, y siendo ambos a dos las cauezas de sus bandos determinaron acometer delitos, vno con visos de justicia y otros con reboço de venganza, llegando a tanto su desenfrenada libertad que no perdonaron lo sagrado del gobierno de los hombres, siendo leones criados en la República conbirtieron su fin en su principio, a que fue forçoso rendir la fuerza. En los demás lançes que se an ofrecido, la justicia a acudido ordinariamente asistida de los que oy están pressos, y por ventura con muy poco más, poca resistencia para tanta fuerça y que quererla haçer era entrarse en el peligro donde no se podía salir con felicidad, acción condenable por yndiscreta.

20.   Ni le falta disculpa al resto del pueblo en la pasión que se le puede oponer, porque siendo las dos parcialidades tan emparentadas,  las personas a las que tocaua parentesco de ambas partes, pareçíales cumplir con profesar la neutralidad retirándose a sus casas por no ver opuesta su misma sangre por esquadrones contrarios que debía vnir el parentesco y amistad, cosa tan miserable y torpe.

21.   En el resto de la plaue no ay que detenernos, pues demás que no están libres de sus afectos naturales, se ha visto con experiencia que el tocar arebato era auisar a esconder, teniendo por mayor el miedo de los vandoleros que el de las penas contenidas en los bandos, con que se verifica la proposición de que sólo aquellos asistían que la obligación les compelía, y oy los comprehende la acusación fiscal.

22.   Opónese por vltima y más culpable omisión la de los días veynte y dos, veynte y tres y veynte quatro de junio del año pasado de çinquenta en que murió Alonso Sánchez, y pareçe que está probada la ymposibilidad del hecho y es más fácil de oponer que de hacerse; pues en la ocasión, fuera fuera temeridad condenada porque avn ardor rabioso en la misma sedición de jente tan atreuida y desesperada con el desseo de la venganza, era haçer resistençia al raudal de vn río que se viene despeñando de lo alto, pareçer es de quien ni pudo engañar ni engañarse, ni hubiera raçón para obligar al veçino quieto que estaua desarmado a que se metiera en vn tan conocido peligro, sin más fruto que el odio que adquiriría. Y como está probado, siendo sesenta los vandoleros, hombres atreuidos, diestros en las armas de fuego que profesan, y el que debió ser faboreçido, odioso entre la jente común que tiene por costumbre seguir a quien venze, ¿qué hauían de resisitir treynta hombres, algunos sin armas, temerosos de Dios y que por sus obligaciones acudieron al lado del Rey arriesgando sus vidas ynútilmente, siendo conocido el daño y desesperado el remedio? No hay razón política que en este caso obligue y en términos lo asientan assí por constante los derechos.

23.   En las demás ocasiones de la sumaria, está verificado el descargo en los autos, pues en ellos consta de la asistençia a la justiçia, del cuydado en todo lo tocante al seruicio de Su Magestad, del cumplimiento en la obligación de dar cuenta al seperior, pues se hiço en tiempo oportuno, como lo testifican las copias de las consultas hechas al Ylustrísimo Señor Don Juan Chumazero, Presidente de Castilla, confesando que las fuerças desta villa no eran suficientes, y de los mismos autos pareçe que los presos acusados no han sido parçiales ni ynteresados en estas pasiones tan crueles, antes bien, aborreçedores dellas como perturbadoras de la quietud y sosiego común y particular, con que si la ley de Solón estubiera en práctica fueran los reos comprehendidos en ella.

24.   Y quando tan a todas luçes no se manifiesta quan libre está esta República y sus particulares de qualquiera acción culpable, se deue considerar que caso negado hubiera alguna omisión naçió de miedo que caya en constante varón que la escusa, y por más que en este juyçio se guarden los fueros de pesquisa, no se hallará dicha omisión formalmente, esto es concurrir en el hecho de complacencia y ratihauición. La material, que es aquella omissión que vno tiene quando entendiendo que a de açertar, y sin aduertir por ser la materia oscura lo que hauía de suceder, no obró o puso medio, en que no acudió como desseaua, ésta podría ser hallarse que puede caer el más diligentísimo padre de familia y más recatado varón, y como para con Dios no es culpable, a lo menos mortalmente digna (falta un renglón) vltimamente se deue considerar que caso negado se verificara omissión en la pluralidad, es remisible de su naturaleza, templando a la seueridad de la ley la charidad piadosa de la benignidad, que acauar con la multitud no fuera castigar sino agotar siendo el término del rigor faltar materia para la execución; y que en la paz que pretende yntroduçir la justicia no compita la crueldad con la sedición, y sea más costosa la medicina que la llaga, reciuiendo más daño esta Noble Villa de la espada pacífica que del cánçer contagioso. Porque esta manera de proceder es muy reprobada en toda ley de prudençia, pues el fin del gobernador es conseruar la República. Y esto es quando hubiera delito, de que tan lejos están los suplicantes, pues se deduçe con euidençia de los autos, que esta peste no tocó en sus ánimos, celosos siempre del seruicio de ambas magestades, y que an conseruado el crédito y blasón de leales que heredaron de sus mayores, teniendo en mucho la nota con que se a querido obscureçer su buen proceder, si bien con el consuelo de ver restaurada su buena fama, y vencida la calumniosa voz que a pretendido ofenderla, saliendo a luz la verdad aueriguada en lo sumario y plenario del juicio a costa de la diligencia y cuydado que vn apuesto con la entereça y rectitud que acostumbre; por todo lo qual, y  lo demás que espera de su benignidad y celo piadoso, de Vuestra Merced justamente se prometen los suplicantes ser dados por libres y sin costas (con la considerazión de que son hombres llenos de ymperfección los que componen la República y no ángeles que no pueden pecar)...”.

M. J. P. H.

 

 

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