¿GRACIAS A LA ALMORTA?

 

 

 

Por Miguel-Juan Pereda Hernández

 

 

La almorta es una leguminosa muy resistente a la sequía, que normalmente se destina a la alimentación animal, aunque también forma parte del sustento humano en condiciones extremas. En España, y concretamente en Castilla-La Mancha, existe un plato tradicional, las gachas, que suele hacerse con la harina de dicha legumbre.

La almorta es un alimento de supervivencia, dado que la planta resiste las condiciones climáticas mas extremas en las que no sobreviven otras especies. Existe un grabado de Goya titulado, precisamente, “Gracias a la almorta”, correspondiente a la serie “Los Desastres de la Guerra”, en el que se nos ofrece un testimonio gráfico de la manera en que los madrileños pudieron soportar la hambruna de 1811.

 

 

La planta, de nombre científico Lathyrus sativus L., tiene un aspecto parecido al garbanzo, pero de contorno cuadrado más que redondeado. Su nombre común en castellano es almorta, alverjón, arvejo cantudo, arvejote, bicha, cicércula, diente de muerto (por su forma), guija, muela, pedruelo, pinsol, pito, o tito...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PELIGRO DE LA ALMORTA: EL LATIRISMO

Pero la almorta o guija plantea un serio problema, y es que  contiene de forma natural una sustancia tóxica (neurotoxina), cuyo consumo reiterado produce una grave enfermedad: el Latirismo, que llega a provocar parálisis musculares irreversibles, e incluso la muerte.

Comer escasas cantidades de estas leguminosas resulta inocuo y sólo cuando constituye más del 30% de las calorías diarias consumidas durante un período continuado de dos a tres meses es cuando se desarrolla la enfermedad, que se inicia, en ocasiones, en forma relativamente aguda con dolor, parestesias y paresia de las extremidades inferiores, instalándose una paraparesia con espasticidad, hiperreflexia tendínea y reflejos plantares extensores, es decir lo propio de una paraparesia o paraplejia espástica, con una marcha “en tijeras”. En otras ocasiones se instala una gradual paraperesia espástica y posteriormente se agrega parestesias, hipostesia, alteraciones esfinterianas y disfunción eréctil.

 

 

 

ALMORTAS Y LATIRISMO EN ALMANSA

El consumo de almortas o guijas en Almansa fue, tradicionalmente, algo habitual entre los más necesitados. Sebastián Miñano, en su Diccionario geográfico-estadístico de España y Portugal publicado en Madrid entre 1826 y 1829, así lo reconoce cuando nos da cuenta de la producción agrícola almanseña: “…Los productos agrícolas consisten en trigo, cebada y azafrán en grande abundancia; avena, almortas y barrilla, la suficiente para el consumo y el de las fábricas de jabón…”.

Este dato viene a ser confirmado por Pascual Madoz en su célebre Diccionario geográfico-estadístico, cuando nos dice que, de todos los productos agrícolas almanseños, los más consumidos por las clases populares eran las almortas o guijas: “…son sus mayores cosechas los cereales, en escala menor las legumbres, y especialmente las almortas (llamadas guijas en el país) de que hacen continuo uso las gentes del campo y más escasas de medios…”. Precisamente las gentes del campo y más escasas de medios a que alude Madoz constituían, en aquellos momentos, la inmensa mayoría de los almanseños, jornaleros sin tierras que disponían de muy escasos recursos: “…la propiedad se halla circunscrita y acumulada en pocas familias de la antigua aristocracia, en términos de ser muy contadas las tierras que pertenecen a particulares…”.

Evidentemente, como no podía ser de otra manera, también existen testimonios de la existencia de Latirismo en Almansa; un informe del escribano municipal Antonio Romero Navarro, realizado en 1786, nos da cuenta de que la enfermedad más común en la ciudad entre los ancianos de aquella época solía ser la parálisis “…las enfermedades más comunes en los Ancianos son las de Paralipsis...”, cuya incidencia hemos de atribuir al consumo excesivo de harina de almortas.

 

LATIRISMO EN LA ESPAÑA DE POSGUERRA

El Latirismo volvería a afectar a los españoles durante los años 1941 y 1942, en los llamados "años del hambre" de la posguerra; cuando, debido a la escasez de alimentos motivada por la política económica autárquica, fue consumida gran cantidad de harina de almortas. La observación de numerosos focos de esta enfermedad en varias regiones de España fue objeto de estudios minuciosos por parte de los doctores López Ibor, Oliveras, Ley, E. de Salamanca y, sobre todo, Jiménez Díaz.

El trabajo más completo sería el realizado por Jiménez Díaz que, si bien en un principio pensó que era el gorgojo de la almorta el responsable de la acción patógena atípica, posteriormente rectificó y dedujo que “...la acción latirógena de las almortas no es accidental por mezcla, ni parasitación, infección o transformación, sino que es esencial, dependiendo de que produzcan o no latirismo de la cuantía de su ingestión y de la composición de la dieta...”.

 

NEUROLATIRISMO Y OSTEOLATIRISMO

Hoy en día se sabe que lo que antes se conocía como Latirismo son en realidad dos enfermedades distintas, producidas también por sustancias distintas, el Neurolatirismo, que afecta al sistema nervioso central, y el Osteolatirismo, en el que aparecen problemas en huesos y en tejido conectivo.

El Neurolatirismo, que es el más grave y difundido, tiene como consecuencia la paraplejia espástica de las extremidades inferiores, que produce dificultades o casi imposibilidad para caminar. Todavía hoy se produce con cierta frecuencia, de forma epidémica en épocas de escasez, en Etiopía y la India, apareciendo casos de forma ocasional en otros países.

 

 

http://milksci.unizar.es/bioquimica/temas/toxico/latirismo.html

 

CONCLUSIONES

Inmersos como estamos en la sociedad de consumo y el estado del bienestar que tanto nos ha costado conseguir a los españoles, pocos podrían imaginar que nuestros antepasados, no demasiado lejanos, pudiesen vivir en unas condiciones de extrema necesidad tan parecidas a las que actualmente sufre un alto porcentaje de la población mundial.

Son muchos los que piensan que en nuestro país, en general, siempre se ha vivido bien, cuando en realidad sólo ha podido hacerlo una escasa minoría, las clases privilegiadas, mientras que el resto de los mortales apenas podía sobrevivir, muchas veces, como hemos visto, gracias al continuado y exclusivo consumo de almortas, que, si bien momentáneamente les evitaba morir de hambre, era a costa de ocasionarles parálisis a largo plazo; pero claro, ello no importaba porque entonces no se sabía la causa de la enfermedad y, al fin y al cabo, ésta no era sino una más de las muchas que les acosaban; máxime cuando eran pocos los que llegaban a viejo.

Corrían unos tiempos en los que la huella ecológica de nuestros ancestros era, evidentemente, muy baja, pero ¿a costa de qué?, entre otras cosas, de vivir menos.

 

¡¡¡En 1900, la esperanza de vida en España era todavía inferior a los 35 años!!!

 

 

¿Almortas para nuestros descendientes?,

¡¡¡NOOOO, GRACIAS!!!

 

 

 

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